

Cualquier alimento natural a pie de playa, sujeto en las rocas o depositados por la marea pueden convertirse en el cebo mas apropiado. Un concha fina, un berberecho o un mejillón pueden ser el fulcro de una fructífera jornada de pesca. Aun así, existen cebos de uso menos frecuente que conviene conocer, veámoslos.  
Las caracolas o cañaíllas son un cebo sumamente eficaz para la captura de grandes esparidos como el sargo o la dorada. Debemos romper su cáscara (habitualmente con dos piedras serán suficiente para esta labor) desprendiendo de la carne el callo que protege el animal, cebándolo en el anzuelo y asegurándolo con hilo elástico.  
Especifico para grandes peces, especialmente indicada para la captura de róbalos y congrios, podremos utilizarla fresca o en salmuera con esplendidos resultados. Siempre dispondremos del uso de hilo elástico para evitar su desprendimiento en el lanzado. Para su cebado utilizaremos agujas especificas de encarnado para peces.  
Estos cebos tradicionalmente desechados por su poca consistencia, adquieren nuevas posibilidades gracias al uso de la salmuera. Almejas, berberechos, conchas finas y mejillones pueden ser tratados con éxito para su uso en la pesca, siempre tendremos en cuenta su fijación al anzuelo mediante el hilo elástico.

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