

Junto con los raspallones suelen ser las mojarras los esparidos mas frecuentes en puertos y escolleras. Sus cardúmenes de alevines, junto a los de otras especies, constituyen gran parte de la temida morralla o ruame. Sin embargo llegados a tamaño adulto, su sabor es de lo mas apreciados. Conózcamelas un poco mas. 
Gris plateado con 14 a 16 líneas longitudinales mas o menos visibles. Mancha triangular negruzca de la nuca a la intersección de las aletas pectorales muy característica y con anillo negro sobre el pedúnculo caudal muy visible. Común en dársenas, puertos, escolleras. Gusta deambular en grupos numerosos en su estado juvenil por playas y ensenadas. Puede alcanzar tamaños considerables llegando a rondar los 30 centímetros de longitud en su estado adulto. Se destacan dos subespecies claramente diferenciadas por su tonalidad, conocida la mas clara por mojarra de arena y la mas pardusca por el adjetivo de piedra. 
Su pesca, mediante aparejos sencillos (en especial el paternóster de dos o mas anzuelos) es tradicional en puertos, muelles y escolleras de piedras. Muy activas durante el día gustan deambular en la búsqueda incansable de pequeños gusanos y camarones, sin desdeñar evidentemente nuestros esplendidos cebos preparados para especies mayores de los que darán buena cuenta, dejando nuestros anzuelos realmente brillantes. Mas escasas de noche (a no ser que el estado de una mar en calma preferiblemente con luna llena les inviten a seguir haciendo de las suyas), pueden llegar a constituir la pesadilla del pescador que pacientemente recoge una vez tras otra sus anzuelos sin cebo. En su estado adulto puede llegar a alcanzar dimensiones considerables presentando un sabor realmente exquisito en la mesa.

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