

Durante mucho tiempo desconocidos para gran parte de nosotros, los carretes de bobina giratoria o multiplicadores, nos abren posibilidades insospechadas para la practica de lances extremos con resultados inmejorables. De gran aceptación en el mercado anglosajón comienzan por fin a verse en las salidas de pesca de un importante número de aficionados.  La implantación de estos carretes, cada vez mayor entre pescadores de alto y medio nivel, debido principalmente a a la posibilidad de efectuar lances con fricciones casi nulas, permite obtener distancias muy considerables mediante el uso apropiado de cañas de repartición y multiplicadores. Su potencia de tracción es realmente asombrosa al actuar de manera lineal sobre nuestros sedales, manteniendo un contacto casi directo con la presa. De marcada similitud con carretes utilizados en el casting ligero, se diferencian claramente de estos por la carencia de anillas guía hilos, omitidas voluntariamente para evitar el mínimo roce en la salida de la línea. Maquinas muy técnicas y que suelen conjugar varios tipos de frenos que actúan sobre la bobina del tambor mediante acciones centrifugas y de rozamiento; necesitan de un entrenamiento continuo para su uso correcto. El fantasma de los nidos de pájaro o pelucas, que se producen al no frenar mediante el uso del dedo pulgar la rotación del tambor al alcanzar el plomo la superficie del agua, provoca en muchos aficionados un temor injustificado para su uso. Actualmente existen modelos a precios muy razonables que, mediante un ajuste correcto de sus sistemas de frenado, permiten en muchos casos olvidarse de los tan temido enredos y nos permiten disfrutar de estas verdaderas herramientas de precisión con un mínimo entrenamiento. 

Mantendremos en su cuidado un esmerado lavado de la totalidad de los componentes mediante un enjuague abundante con agua dulce; teniendo en cuenta que la bobina y el hilo se encuentran integrados en el interior de la carcasa, prestaremos especial atención a la eliminación absoluta de cualquier deposito salino que pudiera contener. Su engrase completo ha de realizarse de manera periódica prestando gran cuidado a la densidad de los aceites utilizados, ya que un excesivo gramaje de los mismos actuarían como un frenado añadido a los propios frenos, así como un aceite muy fino podría generar el efecto contrario. Al igual que ocurre en el caso de los de bobina fija, es fundamental localizar un croquis de piezas que detalle especialmente la situación de los elementos de frenado, así como su correcta colocación.

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