

El congrio, diferentemente apreciado en la cocina, es no obstante un poderoso adversario para nuestras finas líneas. Capturar un animal de la potencia de un gran congrio o zafio, que puede superar fácilmente los diez kilos de peso, requiere la paciencia y la habilidad del saber hacer. Su fiereza y resistencia en la captura nos hará pasar un rato inolvidable. 
Próximos a los anguilidos, se distinguen fácilmente por el hecho del que el maxilar superior sobrepasa el inferior. Sin escamas en su cuerpo y con ojos de notable inteligencia; tienen en su librea tonos grises mas o menos oscuros con la aleta dorsal y anal ribeteadas en negro. Su mandíbula es temida, ya que la presa que ejerce es de una fuerza increíble. Muy resistente a la muerte por asfixia y a las heridas, puede soportar varias horas fuera del agua con gran parte de su vitalidad intacta. 
Las capturas de grande congrios depara momentos de gran excitación ya que su picada, brusca y sostenida, al igual que su resistencia a ser sacado del agua ponen a prueba equipos y nervios. Nos valdremos de su natural inclinacion a evitar la orilla y ganar metros para ir debilitándolo paulatinamente; solo cuando el animal ceda podremos intentar acercarlo a la orilla aprovechando la resaca de las olas. Si el peso del mimo es grande, quedaran habitualmente embarrancado en la arena fina de la orilla, donde intentara rodando sobre si mismo, romper nuestros sedales. Habitualmente toparemos con ellos en zonas rocosas o mixtas, e incluso en grandes playas en el momento del reparo de bajamar, cuando grandes ejemplares abandonan zonas rocosas para deambular en búsqueda de capturas y carroña en el limite del oleaje. Sus capturas se producen normalmente en la pesca nocturna, aunque no es extraño toparnos con ellos en escolleras y puertos incluso de día. Muy voraz, y especialmente amigo de los cebos blancos como el calamar y los pequeños chocos, que devora con rapidez.

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