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La muerte del gato

La esperanza de vida de un gato y, en general, de una mascota es, por ley natural, mucho más corta que la del hombre. La muerte es un proceso natural, es la conclusion, la formalización del ciclo de la vida, que se inicia con el nacimiento, y es en definitiva tan natural como éste. No obstante ello, el momento real en que nos enfrentamos al hecho inevitable de la muerte es muy difícil de aceptar para los humanos.



Cuando perdemos a nuestro gato, así como sucede en el caso de nuestros seres queridos, el sentimiento de angustia y dolor es inevitable, y no hemos de sentir vergüenza alguna por ello. Cada persona es capaz de superarlo de diferente manera y algunas necesitarán más tiempo que otras para desembarazarse de la sensación de vacío que nos deja el hecho de no ver más a nuestro querido compañero de alegrías y fatigas. Sin embargo, hemos de saber que no todo el mundo comprenderá nuestra pena. Muchas personas se mostrarán extrañados y no faltarán crueles comentarios del estilo "pero si sólo era un gato". No pretendamos que todos compartan nuestro dolor, pero sí intentemos compartirlo con personas sensibles capaces de comprenderlo. Hablar ayuda.

Asumir lo inevitable

El proceso de duelo pasa por diferentes etapas. Si entendemos que la tormenta de sentimientos que se desata en nosotros es una reacción perfectamente normal, estaremos preparados para, a la larga, superar la muerte de nuestro gatito y que la pena dé poco a poco paso a la alegría y el agradecimiento por haber podido disfrutar de tan buenos momentos en su compañía.

Habitualmente la persona que afronta la muerte de su mascota pasa por las siguientes etapas:

Negación: nos resulta difícil aceptar la idea de que no volveremos a ver más a nuestro querido compañero. Ante una muerte repentina, casusada por un accidente o una enfermedad de curso rápido, el sentimiento de negación es todavía más fuerte.

Ira: por el hecho en sí de la pérdida, y contra todo aquéllo que nos parezca que haya contribuído a no paliar lo inevitable.

Culpabilidad: la pregunta está irremediablemente rondando por nuestra mente ¿Hemos hecho todo lo posible por evitar la muerte de nuestro gato?

Depresión: es la etapa en la que somos plena y dolorosamente conscientes de lo sucedido, y durante la cual el sentimiento de pérdida es mayor. Uno se siente decaído, desestabilizado emocionalmente, con ganas de llorar.

Aceptación: poco a poco, los sentimientos se van conduciendo hacia la tranquilidad, y el dolor va a ser sustituído por agradables recuerdos.



¿Qué hacer?

Date permiso para llorar, para patalear si hace falta. Es una reacción perfectamente normal, propia de personas sensibles que han querido mucho a su gato.

Céntrate en cosas agradables, no permitas estar siempre recreándote en la desgracia. Ésta estará ahí aunque no pensemos permanentemente en ella. Date un respiro.

Habla de lo que te apena con algún amigo de tu confianza. Nadie se va a reír de ello, más bien al contrario, exteriorizar tus sentimientos te ayudará a verlos de una forma más objetiva. Déjate aconsejar.

¿Tienes una vena creativa? Haz una página web en memoria de tu gato. Crea un homenaje al que tanto quisiste, te ayudará a revivir momentos agradables y compartirás tu dolor con otras personas, invitándolas a conocer a tu extraordinario amigo. Verás que no estás sólo/a con tus emociones.



¿Qué no hacer?

No sientas vergüenza por sentirte mal. Si alguien no lo puede comprender, es su problema. Tampoco intentes hacerte el/la fuerte, no hay nada que demostrar.

No corras a la primera tienda de animales o recojas al primer gatito que se cruce en tu camino con la idea de sustituír cuanto antes a tu gato. Deja que los sentimientos se asienten y organicen por sí mismos. Tiempo llegará en que estés preparado para adoptar a otro animal y darle el mismo cariño que le diste al anterior.



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