

El lobo del mar o lubina es tal vez el predador mas infatigable que tenemos a nuestro alcance. De formas y potencias impresionantes, capaces de navegar en las aguas mas agitadas y de atravesar las olas mas potentes. Todo un prodigio de animal que reúne la belleza de su resistencia a la captura con uno de los sabores mas apreciados del mar. 
Cuerpo robusto, mandíbulas prominentes. Tinte plateado, ligeramente mas oscuro en el dorso, mancha parda oscura sobre el opérculo. De formas elegantes, vigorosos, infatigables, voraces hasta la glotonería, pero... extremadamente desconfiados. Buscan aguas ricamente oxigenadas y son asiduos de la olas y remolinos, cazadores infatigables de pequeños cefalópodos, alevines de peces y amigos de grandes gusanas. 
Tentar al róbalo o lubina no es tarea fácil. Su querencia a zonas de agua extremadamente agitadas, nos harán buscarlos allá donde nuestros plomos se moverán continuamente de su anclaje y donde nuestros bajos de línea correrán mas riesgo de enredos. Es aconsejable, y ya que no necesitaremos efectuar lances no demasiado potentes (a lo sumo 80-90 metros), utilizar en nuestros carretes líneas de un diámetro cercano al 0,25 que no permitirán el uso de plomos con garras o de pesos que puedan alcanzar los 150 gramos y de esa manera paliar la movilidad a los que estarán sometidos. Los finales a utilizar deberán ser lo suficientemente largos (de 1.5 metros o superiores) para que permitan alejarse nuestros cebos del anclaje del plomo, imprimiendo así una mayor naturalidad en el ir y venir de este entre las olas. Gustan los róbalos de pequeños cefalópodos, en especial las cabezas de choco, chipirones y tripas de pulpo, que deberán estar lo mas frescas posible; igualmente buscan a ras de suelo todos los pequeños animales que las olas remueven como gusanos y crustáceos. Estos cebos son los que utilizaremos con mayor posibilidad de éxito en su búsqueda.

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