

La pastinaca o chucho es frecuente en nuestras costas especialmente en los meses de verano. Su capacidad de ejercer resistencia a la captura, ya sea nadando con sus poderosas alas o enterrándose en la arena, hacen que su lance se convierta en uno de los mas trabajados y entretenidos al tener que regular continuamente freno y potencia de recogida para vencerlo. De poco aprovechamiento culinario y de gran deportividad en su captura, se merece nuestros mayores respetos aconsejando la captura y suelta que bien ganada se merecen. 
Del genero dasiatoides, que agrupan a las rayas que poseen aguijones venenosos en su cola, es el chucho capaz de proyectarla como un látigo y moverla con gran rapidez fuera del agua. De natación elegante y vivíparas incubantes ( mantienen sus huevos en el interior del cuerpo hasta la formación del nuevo pez), sus tonos pasan desde el gris azulado al rosado, manteniendo la parte ventral de un blanco rosáceo. Pueden llegar a alcanzar los 2,5 metros de longitud de ala a ala en los ejemplares adultos, obligándonos a mantener gran precaución a la hora de desanzuelarlas. 
Su captura, normalmente eventual y esporádica, casi siempre coincidirá con los meses del estío. La fuerza que desarrollan en su lucha, tanto en sus huidas como en sus enterramientos en la arena, nos harán disfrutar plenamente de la captura. Poco apreciado, ya que su parte comestible se limita a las alas, y de gran resistencia nos permite devolverlas en el mayor de los casos intactas de nuevo al agua. En el momento de la retirada del anzuelo deberemos proceder con gran precaución fijando la cola o látigo de manera firme contra el suelo con botas o calzado resistente, prestando especial atención a su aguijón conectado a una bolsa de veneno. En caso de picadura deberemos acudir rápidamente a los servicios médicos de urgencia, ya que su toxina es sumamente peligrosa.

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