

De cuerpo serpentiforme y habitante de zonas rocosas, agresiva y temida. La morena es una especie dura en su captura y que, en sus mayores ejemplares, puede depararnos una lucha inolvidable. 
De colores muy variables desde el pardo chocolate jaspeado de amarillo o blanco amarillento hasta el pardo uniforme. Siempre las encontraremos en zonas rocosas cazando al acecho, muy voraz y glotona con los cefalópodos. La mordedura de la morena es muy temida, ya que aunque carece de glándulas venenosas ( en contra de lo que mucha gente aun cree) es capaz de trasmitir mediante la misma toxinas activas producidas por los tejidos de la boca. Con una sola hilera de dientes fuertes y agudos, mirada fría e inexpresiva y hasta un 1,30 metros de longitud, es un adversario a tener en cuenta. 
Cuando en alguna de nuestras noches de pesca nos encontremos cebando con tiras de calamar o de choco en una de nuestras preciosas calas, sin duda alguna, en cualquier momento la tendremos enfrente. Su defensa es desesperada, tratara de zafarse hasta el ultimo momento, buscara refugio en rocas y salientes, se enredara a lo largo del bajo de línea, tratara de enterarse; y aun cuando la tengamos en tierra firme, el mero acto de retirarle el anzuelo será una prueba de destreza. Así es la morena, un animal potente y resistente hasta el infinito, capaz de revivir después de horas y darnos un susto que nos durara semanas. Para su pesca es necesario disponer de sedales fuertes y por encima del 0,40 si se trata de capturar grandes ejemplares. El cebado lo realizaremos con tiras de pulpo (del cual es realmente glotona), chocos o calamares; notaremos rápidamente su presencia por un tirón prolongado de la caña a la que costara recuperar la verticalidad y su lucha será continuada hasta el final; deberemos evitar dejar demasiado sedar liberado ya que sin duda aprovechara esta circunstancia para hacerse fuerte en el interior de cualquier sinuosidad del terreno donde tendremos pocas esperanzas de hacerla salir.

|