Miro y remiro a mis gatos y ninguno
se restriega la pata detrás de la oreja y lavarse, sólo lo normal, que este trío siempre ha
sido muy limpito. Claro que ninguno de los tres es francés. Las nevadas malamente pueden anunciarlas ya
que ni conocen lo que es la nieve. Bueno, Felicia en sus siete años y medio puede que tuviera la oportunidad
de verla fugazmente en un par de ocasiones, pero claro, a un evento como ese no se le da la espalda de ninguna
manera, ni siendo gato.
Si señalaran la
lluvia con un guiño este año tendría a los tres con los músculos faciales doloridos.
Y restregarse con la mesa, tampoco. He revisado todas las mesas de la casa y no advierto ningún desgaste
a ninguna mesa, puede ser porque en mi casa todas las mesas son redondas y no dejan que se rasquen con sus inexistentes
ángulos estos tres nada tristes tigres. Pero sirvan estas creencias como curiosidad.
Las capacidades barométricas del gato son interpretadas
de distinta manera, según el país y la cultura.
En Francia y en Italia una señal
segura de lluvia inminente es que el gato se restriega la pata detrás de la oreja, o bien cuando se lava
más de lo habitual. Para anunciar la llegada de una nevada, en cambio,
el gato vuelve la espalda al fuego.
En China, la llegada de la lluvia
es indicado por un simple guiño de los ojos, mientras que en Escocia el mismo tipo de previsión es
hecho por el gato que se rasca con el ángulo de una mesa. En Dinamarca, es la carrera sin motivo aparente la que señala el mal tiempo.
El gato también ha sido en muchos casos el barómetro
de los marineros: De esta
forma el gato que juega con ropa anuncia una tempestad, mientras que si duerme plácido y angelical con la
cabeza apoyada en las patas está asegurada una navegación tranquila.
Incluso es capaz de indicar en qué dirección soplará
el viento: bastará con observar hacia dónde vuelve la mirada mientras araña el suelo, señal
justamente de la llegada del viento.
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