Las
tres principales especies de céstodos, encontrados en el caballo son
Paranoplocephala mamillana, Anoplocephala magna y Anoplocephala
perfoliata. A. perfoliata es el más común y en algunas áreas geográficas
puede encontrarse parasitando hasta el 50% de los caballos (2). Aunque estos
organismos han sido considerados como componentes no patógenos de la fauna
intestinal de los equinos, existe evidencia que A. Perfoliata, la más común de
las especies encontradas, puede estar asociada como factor predisponente en la
presentación de cólicos que involucren alteraciones de la válvula ileocecal
(intususcepciones, impactaciones, rupturas intestinales, etc.)(1)Morfológicamente,
el parásito adulto de A. Magna puede alcanzar los 80 centímetros de
longitud y puede llegar a tener hasta 2 centímetros de ancho. Por el
contrario, A. perfoliata es muy corto y se ubican muy cerca el uno del
otro. El extremo anterior o scólex es esférico, desarmado y contiene cuatro
estructuras llamadas ventosas. El cuerpo de los parásitos de esta especie esta
divido en segmentos delgados pero amplios denominados proglótidos que pueden
albergar hasta 200 testículos pequeños distribuidos regularmente (2).
Desde el
punto de vista anatómico, P. mamillana se ubica generalmente en el
duodeno y el jejuno proximal del equino, mientras que A. magna se
sitúa en la porción distal del intestino delgado. A. perfoliata se
encuentra en grandes números arracimados alrededor de esfínteres y
válvulas como la ileocecal. Esta última especie puede hallarse también en el
jejuno distal y dentro del colon(2).
Muchos de los antihelmínticos rutinariamente utilizados para desparasitar
equinos no son eficaces o tienen una eficacia reducida frente a los céstodos,
lo que ha generado un incremento en el número de casos y alteraciones
patológicas relacionadas con este tipo de parásitos en diferentes países(1).
CICLO DE VIDA Y PREVALENCIA
Aunque la prevalencia estimada de estos parásitos varía enormemente, se han
encontrado infestaciones iguales o mayores al 81% , en algunas áreas. En Norte
America, estudios realizados en 1994, revelaron que cerca del 64% de animales
sometidos a necropsia presentaban diferentes grados de infestación por A.
perfoliata (1). En 1997, utilizando análisis seroepidemiológicos, se
determinó que los animales jóvenes(3-5 años) y los animales más viejos(> 15
años), presentaban una mayor carga parasitaria comparados con otros grupos
etáreos dentro de la misma población. De igual forma, se detectó una variación
estacional en cuanto a la población de parásitos y su incidencia en los
animales, encontrándose con mayor frecuencia en los meses de otoño y
principios de invierno (1)
Ciclo

A.
El ácaro Oribátido ingiere los huevos embrionados. B. El ácaro
se desplazan por las hojas del forraje y el pasto.
C.
El huésped ingiere el acaro con la larva (cisticercos) en el momento en que
pastorea en potreros infestados. Los cisticercos son liberados en el sistema
digestivo y se adhieren a la pared intestinal del intestino delgado hasta
madurar.
D.
Los parásitos adultos de A. perfoliata viven en el intestino delgado.
E. A. magna
F.
Los segmentos grávidos de los céstodos se desprenden y pasan en las heces.
G. A.
magna.
H.
Huevos de embrionados en las heces
I. A. perfoliata
Los
segmentos o proglótidos en el extremo distal de la solitaria se agrandan con
los huevos y finalmente se eliminan con la material fecal. La pared de este
segmento se descompone permitiendo que los huevos sean liberados e ingeridos
por los huéspedes intermediarios (ácaros del género oribatidae). En el
ácaro, los huevos del céstodo se transforman en la larva infestante luego de 2
- 4 meses después de la ingestión.
El ácaro
es consumido por los equinos en pastoreo, provocando que las larvas
infestantes colonicen el sistema gastrointestinal del caballo, que es
considerado huésped definitivo. En ellos, las larvas maduran dentro del
intestino, el ciego y el colon en aproximadamente 4 - 6 semanas. En el momento
en que los céstodos alcanza la madures, inician la producción de huevos
promoviendo así un nuevo ciclo.

Especimenes de A. magna adheridos a la mucosa intestinal

Especimenes de A. perfoliata obstruyendo la válvula ileocecal
SIGNOS CLINICOS Y PATOGENESIS
Los
céstodos de los equinos no son capaces por si solos de producir enfermedad
clínica. Sin embargo, cuando se encuentran en grandes cantidades puede llegar
afectar al huésped definitivo. En un animal debilitado, el parásito compite
agresivamente por los nutrientes y alimento que este ha ingerido, lo que
ocasiona un estado de estrés y mayor debilitamiento, con complicaciones en el
cuadro clínico. Cuando las solitarias se presentan en grandes números, la
irritación de la mucosa puede dar lugar al adelgazamiento de la pared del
intestino, el desarrollo de úlceras y posibles perforaciones con consecuencias
fatales (2). La inflamación local ocasiona edema y congestión, con un aumento
de eosinófilos a nivel de la mucosa, submucosa y lámina propia intestinales.
Este proceso redunda en fibroplasia y adelgazamiento progresivo de estas
capas, fenómeno evidenciado en mayor grado en sitios de alta concentración de
parásitos a nivel intestinal (1).
La
ubicación de A. perfoliata en grandes números alrededor de la válvula
ileocecal, puede ocasionar obstrucciones del paso de la materia fecal,
parálisis y mal funcionamiento de la válvula, con la aparición de síntomas
como pérdida de peso, diarrea y cólicos de variable intensidad (1, 2).
DIAGNOSTICO
El diagnóstico inequívoco de la infestación por céstodos en los
equinos es la identificación de los huevos en heces. Sin embargo, en
infestaciones leves la liberación de proglótidos y de huevos en materia fecal
es muy escasa y su hallazgo es esporádico. La sensibilidad de las pruebas
para la detección del parásito es baja (22.5 a 50 %) lo que puede dar lugar a
un gran número de falsos negativos, especialmente en infestaciones leves. En
los últimos años se han desarrollado pruebas serológicas para la detección de
infestaciones por A. perfoliata, pero su uso se ha limitado a estudios
epidemiológicos únicamente (1).
CONTROL
Y TRATAMIENTO
El manejo
adecuado de potreros de pastoreo y la disminución de los ácaros, huéspedes
intermediarios del parásito, son elementos esenciales para el control de éste
tipo de parasitosis en el equino. El tratamiento con la droga antihelmíntica
apropiada es esencial para procurar un control eficaz y seguro de la población
parasitaria en el intestino del animal (2). Los antihelmínticos que se usan
para el control parasitario en equinos (Benzimidazoles, ivermectinas,
moxidectinas) no poseen la eficacia deseada para el control de los parásitos
planos. De todas las moléculas presentes actualmente en el mercado, el
pirantel ha sido la única realmente efectiva para el control de infestaciones
ocasionadas por A. perfoliata y especies similares (1,2).
El
pamoato de pirantel suministrado en una sola dosis por vía oral al doble de la
dosis farmacológica (13.2 mg/kg peso vivo), ha demostrado una eficacia del 93%
en el control de los principales céstodos que parasitan a los equinos.
Incluso, se ha demostrado una efectividad del medicamento en el control de
estos parásitos entre un 58 y 100%, cuando se suministra en las dosis
indicadas para el tratamiento de nemátodos (6.6 mg/kg de peso vivo)(1, 2).
CONCLUSIÓN
Tradicionalmente, los céstodos se han considerado parásitos incapaces de
provocar enfermedades serias en los equinos. Sin embargo, se ha demostrado,
que en muchos casos y en determinadas áreas geográficas, el 50% de los
caballos que han sido remitidos para necropsia, están infestados por céstodos.
El tiempo de ingestión de la larva hasta el momento en que el parásito inicia
la oviposición es de solamente cuatro a seis semanas. Las larvas llegan a ser
infestantes dentro del ácaro en el plazo de 2 - 4 meses. Por tanto los
exámenes coprológicos que deben implementarse para su detección deben ser
regulares para poder asegurarse que las solitarias no son un problema dentro
de la manada. Un control eficaz y rápido puede hacerse mediante la
administración apropiada del pamoato del pirantel al doble de la dosis
farmacológica recomendada.
REFERENCIAS
1.
Little, S.E. 1999. Adult tapeworms in horses: Clinical
significance.
Comp. Cont. Ed.
Pract. Vet.
Volumen 21(4), Abril.
2.
Riegel, R.J., Hakola, S.E. Ilustrated atlas of anatomy and
common disorders of the horses.
Volumen II
Fuente: Laboratorios PROVET S.A.