El
descubrimiento de la asociación de la bacteria espiral Helicobacter
pylori con gastritis y úlcera gástrica en la gente, condujo a cambios
fundamentales en el entendimiento de la enfermedad gástrica. Ha habido un
movimiento radical desde el uso de antiácidos solos, hacia la erradicación del
Helicobacter con agentes antimicrobianos. Se cree también que el H. pylori
es importante en el desarrollo de neoplasia gástrica en los humanos. Desde el
descubrimiento de la relación entre el H. pylori y la enfermedad gástrica
en las personas, se ha buscado bacterias microarófilas similares en los
animales, y se la ha encontrado o redescubierto en gran abundancia. A pesar de
su importancia en el hombre, hay poca información sobre la relación entre
helicobacterias y la enfermedad gástrica en perros y gatos. Este artículo
examina la helicobacteriosis en humanos, en gatos y en perros.
¿QUÉ ES EL HELICOBACTER?
El
Helicobacter es una bacteria Gram negativa en forma de espiral o curvada o, a
veces, cocoide que, dependiendo de las especies, habita en el moco, las
glándulas y las células parietales del estómago (Figura 1). La especie más común
que se encuentra en el estómago de los humanos es el H. pylori, estando
en un distante segundo lugar el H. heilmanni. Las Helicobacterias
identificadas en el estómago de los perros y gatos son el H. felis, el
H. heilmanni (antiguamente conocido como Gastrospirilum hominis), el
H. bizzozeronii, el H. bitis y el Rexispira rapinii en los
perros y el H. felis, el H. heilmanni y el H. pylori en los
gatos. Aunque asociadas comúnmente con el estómago, algunas especies de
Helicobacter como el H. canis pueden colonizar también el intestino y el
hígado.
Figura 1 Bacterias espiralazas grandes (helicobacterias) en una biopsia
gástrica de un perro.
¿CUÁN COMÚN ES LA HELICOBACTERIOSIS?
El
estudio de la prevalencia de la infección por H. pylori en humanos, ha
sido facilitado por el desarrollo de pruebas no invasivas para detectar la
infección. Las dos pruebas usadas más comúnmente son un ensayo inmunoabsorbente
ligado a enzima (ELISA) para detectar anticuerpos circulantes contra H.
pylori y una “prueba del aliento” para detectar la actividad ureasa en el
estómago asociada con el Helicobacter. Basándose en los resultados de estas
pruebas, se estima que el H. pylori está presente en aproximadamente el
45% de la población de Estados Unidos. La infección parece ser todavía más común
en los países menos desarrollados, donde se adquiere a una edad más joven que en
los países occidentales desarrollados. Las razones de las diferencias en el
predominio de la infección entre y dentro de los distintos países, son
probablemente multifactoriales y están relacionadas con factores
socio‑económicos, la habilidad del organismo para sobrevivir en el medio
ambiente, la cepa de H. pylori y la susceptibilidad individual. Por
ejemplo, los anticuerpos a H. pylori en Estados Unidos han sido
detectados más frecuentemente en grupos afro‑caribeños que en caucásicos (78%
afro‑caribeños versus 34% caucásicos) y las tasas de infección parecen ser más
altas en las personas que poseen el antígeno de grupo sanguíneo LewisB
La
infección por helicobacterias parece ser muy frecuente en perros y gatos.
Ochenta y seis por ciento de gatos sometidos a eutanasia, elegidos al azar, en
un refugio animal estaban infectados, y se ha demostrado la presencia de
bacterias espiriladas de gran tamaño en biopsias gástricas de 41‑60°/ de gatos
clínicamente sanos y en 57‑76% de gatos y 74‑82°/ de perros que se presentaron
para la investigación de enfermedad gastrointestinal. En perros Beagle de
laboratorio clínicamente sanos, la tasa de infección se acerca al 100%. La
verdadera prevalencia en la población de animales de compañía no se conoce
todavía, ya que sólo se ha evaluado una pequeña población de animales. Esta
situación deberá cambiar cuando se disponga de pruebas no invasivas para
detectar la infección por helicobacterias en perros y gatos.
LA
RELACIÓN DEL HELICOBACTER CON LA GASTRITIS Y LA ÚLCERA EN LOS HUMANOS
Actualmente parece haber pocas dudas de que la mayoría de las úlceras
gastroduodenales en humanos están asociadas con la infección por H. pylori.
Desde que Warren y Marshall hicieron la asociación inicial entre el H. pylori
y la úlcera duodenal en 1983, se ha acumulado evidencia que indica que,
aproximadamente el 95% de las personas con úlceras duodenales están infectados
con H. pylori. Sin embargo, es importante mencionar que esta úlcera
duodenal representa sólo el 1‑6% de todos los infectados por H. pylori, y
que sólo 10‑15% de los humanos infectados desarrollarán úlceras duodenales en
los próximos 10‑20 años. La infección por Helicobacter pylori está
también fuertemente asociada con el desarrollo de úlceras gástricas en los
humanos; las úlceras producidas por los antiinflamatorios no esteroides
comprenden el otro grupo importante.
Mucha de la evidencia que liga el H. pylori a la úlcera gastroduodenal,
proviene de estudios que han examinado los efectos de la erradicación bacteriana
sobre la tasa de curación de las úlceras y sobre la función de la secreción
gástrica. Estos estudios han demostrado que la erradicación de la infección con
antibióticos, más que la disminución de la acidez gástrica con medicamentos
antisecretores, está asociada con tasas de curación mucho mejores y con el
retorno de la función secretora gástrica normal. La implicación de que la
mayoría de las úlceras están relacionadas con el H. pylori, ha llevado a
la reevaluación de la patogénesis de la úlcera. Las teorías de ulcerogénesis
aceptadas previamente, sugerían que el estrés, las comidas picantes, el tipo de
personalidad y la hiperacidez gástrica, eran factores de riesgo para la
aparición de úlcera duodenal. Se prescribían medicamentos para reducir la acidez
gástrica y un estilo de vida sano para curar el problema. Estos hallazgos han
sido adaptados ahora para incorporar el papel del H. pylori (Figura 2). Se
piensa ahora que la formación de la úlcera duodenal ocurre de la siguiente
manera: la colonización del antro gástrico por H. pylori produce
gastritis antral que perturba el balance entre las células productoras de
somatostatina y de gastrina y causa un aumento de la secreción de gastrina. La
hipergastrinemia resultante produce un aumento de la masa de células parietales
y una secreción ácida excesiva. El aumento de la producción de ácido gástrico
está ligado a la metaplasia gástrica del duodeno, lo que permite la colonización
por H. pylori. La colonización bacteriana de las áreas de metaplasia
gástrica en el duodeno, junto con el aumento de la secreción ácida gástrica,
producen el desarrollo de úlceras duodenales.
Algunos individuos con infección por H. pylori desarrollan gastritis
crónica y úlceras gástricas en lugar de úlceras duodenales. Se cree que la
enfermedad en estos individuos está causada cuando el H. pylori coloniza
la totalidad del estómago, en lugar de sólo el antro gástrico. La colonización y
la inflamación de todo el estómago puede disminuir la capacidad del estómago
para segregar ácido gástrico y puede explicar por qué los pacientes con una
colonización extensa del estómago no desarrollan úlceras duodenales. Se
considera que los individuos con gastritis crónica que desarrollan una gastritis
atrófica tienen un alto riesgo de desarrollar cáncer, tal como adenocarcinoma y
linfoma del tejido linfático asociado con la mucosa.
La
investigación intensiva sobre la biología y la patogenicidad de las
helicobacterias, está ayudando a determinar precisamente cómo el H. pylori
causa daño gástrico y ha llevado al descubrimiento de una variedad de factores
que facilitan la colonización y causan este daño gástrico, como la ureasa, los
lipopolisacáridos, las citotoxinas vacuolizadoras, la mucinasa, la lipasa y la
hemolisina. La investigación sobre la fijación del H. pylori a las
células, sugiere que los individuos con ciertos grupos sanguíneos poseen
proteínas gástricas que permiten la fijación y la colonización. Se han
identificado muchas cepas de H. pylori, y la presencia de cepas que
contienen factores de patogenicidad, como el gen de las citotoxinas
vacuolizadoras y el gen asociado a la citotoxina (vac a y cag a) han sido
asociados a la ulceración duodenal o a la carcinogénesis. Estas diferencias
entre las cepas individuales, puede ayudar a explicar por qué alguna persona
infectada desarrolla úlceras o cáncer y otra no. Otra línea de investigación
está estudiando cómo el H. pylori incita una respuesta inflamatoria que
conduce a la producción de anticuerpos específicos, pero evita la erradicación
por el sistema inmunitario.

Figura 2 Representación esquemática de los factores que siguen a la
colonización antral por H. pylori que se cree que conducen a la formación de una
úlcera duodenal en humanos (refiérase al texto para los detalles)
¿SON LAS HELICOBACTERIAS UNA CAUSA DE GASTRITIS EN PERROS Y GATOS?
La
gastritis crónica es considerada una causa importante de vómitos en el perro y
en el gato. El diagnóstico de gastritis crónica se hace sobre la base del examen
microscópico de biopsias gástricas con varias sub‑clasificaciones de la
gastritis crónica basadas en el tipo de inflamación y en la presencia de atrofia
o hipertrofia de la mucosa o la capa muscular. Rara vez se determina la causa de
estos hallazgos histológicos y ésta ha sido usualmente atribuida a alergias o a
intolerancia dietéticas, parásitos, o una reacción a antígenos bacterianos. El
re‑descubrimiento reciente de las bacterias espirales en perros y gatos puede
ayudar a aclarar esta situación.
En
contraste con la abrumadora evidencia de enfermedad gástrica asociada con
Helicobacter en los humanos, y a pesar de la aparentemente alta frecuencia de
infección por Helicobacter en perros y gatos, la relación entre helicobacterias
y la enfermedad gástrica en perros y gatos es poco clara. La gastritis acompaña
la infección en algunos, pero no en todos los perros y gatos infectados, y
muchos no tienen signos clínicos a pesar de la infección. Estudiar la relación
de las helicobacterias con la gastritis en perros y gatos es complicado, ya que
se han identificado muchos miembros de las helicobacterias (H. felis, H.
pylori, H. heilmanni, H. bizzozeronii, H. bitis y Flexispira rapinii),
y posiblemente, la patogenicidad del Helicobacter varía de acuerdo a la especie
y la cepa. Estudios para demostrar la patogenicidad de miembros individuales de
helicobacterias, como H. pylori en gatos y perros y H. felis en
perros, han demostrado colonización, hiperplasia linfoide gástrica e inflamación
gástrica y sero conversión, pero signos clínicos como vómitos, y lesiones como
úlceras duodenales o gástricas, han estado consistentemente ausentes. Es
importante considerar que el corto tiempo relativo de estos estudios
experimentales (meses, más que años, puede no haber permitido el tiempo
suficiente para que se produzcan los efectos totales de la infección. La
relación de H. heilmanni o H. bizzozeronii, los organismos
espirales gástricos grandes, no ha sido investigada ya que, hasta hace poco, no
era posible cultivar estos organismos. En los perros y gatos, todavía no se han
realizado estudios para examinar los cambios funcionales en la secreción
gástrica o en la gastrina sérica que acompañan la infección por H. pylori en
humanos. La elucidación de la relación de las helicobacterias con la gastritis
en perros y gatos de compañía, requerirá la identificación de la especie de
Helicobacter en las biopsias gástricas, la evaluación de la función secretora
gástrica y la investigación de varios factores de patogenicidad.
POTENCIAL ZOONÓTICO
La
frecuencia aparentemente alta de helicobacterias en perros y gatos, y
particularmente el aislamiento de H. pylori en un grupo de gatos de
laboratorio, plantea la posibilidad de que los animales de compañía puedan
servir como reservorio para la transmisión de helicobacterias a los humanos.
Informes sobre casos recientes, han sugerido que existe la transmisión de otras
especies de Helicobacter, como la especie Gastrospirillinm y el H.
felis de animales al hombre. Aunque no se ha demostrado la transmisión
directa de perros y gatos a humanos, el aislamiento de H. pylori de las
heces, saliva y jugo gástrico de los gatos, sugiere que se deben tomar
precauciones higiénicas para minimizar una posible infección. No se pueden hacer
declaraciones precisas sobre el potencial zoonótico de los gatos y perros a sus
dueños hasta que se determine la prevalencia de la infección con miembros y
cepas específicos de helicobacterias en la población de animales de compañía y
hasta que se sepa más sobre el modo de infección de las helicobacterias.
DIAGNÓSTICO DE H. PYLORI EN HUMANOS
Los síntomas de las personas que tienen una enfermedad relacionada con H.
pylori, se corresponden con la úlcera gastroduodenal, la gastritis o el
cáncer. Los síntomas comunes de úlcera duodenal son el dolor focal del abdomen
superior, o el dolor epigástrico que pueden o no mejorarse con la comida, y
pérdida de apetito si el dolor es severo. La presencia de sangre fresca en el
vómito o de sangre digerida (melena) en las heces, están también asociadas con
frecuencia con las úlceras del tracto GI superior. En los pacientes con
neoplasia gástrica, hay frecuentemente pérdida de peso, melena y hematemesis.
Los síntomas presentes en las personas con gastritis, ulceración o neoplasia
relacionadas con H. pylori, no pueden distinguirse fácilmente de los
síntomas en los pacientes con enfermedad no relacionada con H. pylori
hasta que no se realiza una prueba diagnóstica especializada. Las pruebas
diagnósticas para detectar la infección con H. pylori pueden
categorizarse en invasivas y no invasivas.
Pruebas invasivas
Las pruebas invasivas implican el análisis de biopsias gástricas que se obtienen
usualmente durante la endoscopia para investigar el problema de presentación.
Para detectar helicobacterias, se puede someter la biopsia gástrica a la prueba
de la ureasa, hacer un cultivo microbiológico y hacer una evaluación histológica
con H&E (hematoxilina y eosina) o con tinción de plata de Warthin‑Starry. La
evaluación de la producción de ureasa por las biopsias endoscópicas se usa
comúnmente como un método rápido de “pantalla”, que se basa en que la presencia
de bacterias productoras de ureasa en las biopsias gástricas (probablemente
helicobacterias), produce liberación de amoníaco de la urea en la solución de
prueba, produciendo un cambio en el pH de la solución indicadora (Figura 3). Se
cree que el tiempo que tarda en ocurrir el cambio de color está relacionado con
el número de bacterias presentes en la biopsia. Se puede usar la evaluación
histológica de biopsias teñidas para demostrar organismos en la mucosa gástrica
(secciones teñidas con la tinción de plata de Warthin‑Starry) y para evaluar la
morfología gástrica o duodenal (secciones teñidas con H&E). Rara vez se realiza
un cultivo bacteriano, ya que los otros métodos de identificación son
generalmente más sensibles y proporcionan un resultado más rápido. Sin embargo,
el aumento de la resistencia de las helicobacterias a los antimicrobianos, puede
estimular el cultivo y la determinación de la sensibilidad bacteriana en el
futuro. La detección de un pequeño número de H. pylori y la investigación
de los factores de patogenicidad, pueden llevarse a cabo usando análisis
molecular de las biopsias con sondas de ADN específico y por la reacción en
cadena de la polimerasa.

Figura 3 La prueba de la ureasa en la biopsia permite la detección rápida de
helicobacterias en las biopsias gástricas. La aparición de un color rosado, que
es el resultado de la liberación de amoníaco de la urea en la solución de prueba
por la ureasa bacteriana sobre la biopsia, indica una prueba positiva (+)
Pruebas no invasivas
La
medición de anticuerpos circulantes (IgG) a H. pylori es una forma
sensible y específica de diagnóstico no invasivo de la infección por
Helicobacter en humanos, y ha facilitado la investigación de la frecuencia y la
identificación de los factores de riesgo para la infección.
La
serología es de valor limitado en la evaluación de la respuesta de la infección
al tratamiento antibiótico y antiácido, ya que los títulos de anticuerpos pueden
declinar lentamente después de la erradicación del organismo. La serología puede
ser poco fiable en pacientes cuya respuesta inmunitaria es inadecuada, como en
los individuos inmunodeficientes, los pacientes muy jóvenes o muy viejos. La
producción de ureasa por las helicobacterias se ha usado también como base para
la “prueba del aliento”, para diagnosticar de forma no invasiva o para
determinar los efectos del tratamiento en humanos con infección por Helicobacter
(Figura 4). La recogida de muestras de aliento después de una dosis oral de
13 o 14 C‑urea se puede usar para determinar la infección, ya
que las helicobacterias producen ureasa que descompone la urea en el estómago
hasta formar 13 o 14 C ‑HC03 que es absorbido,
transformado en 13 o 14 C–CO2 y puede medirse
en el aliento. Esta prueba ha demostrado ser extremadamente útil para el
diagnóstico no invasivo de la helicobateriosis en humanos, monos, y cerdos y
para evaluar la respuesta al tratamiento.
El
desarrollo de estas pruebas no invasivas para el diagnóstico del H. pylori
puede ser importante si un paciente con síntomas compatibles con úlcera péptica
recibe una evaluación diagnóstica subsiguiente. Por ejemplo, un paciente
sintomático que es positivo para H. pylori puede ser tratado con
antibióticos y un medicamento antisecretor sin necesidad de evaluación
endoscópica. Todavía falta por saber cuál será el efecto que estos cambios
tendrán sobre el tratamiento de los pacientes.
Figura 4 La prueba del aliento se emplea rutinariamente para detectar una
infección por H. pylori en los humanos. La 13 o 14 C-urea
administrada oralmente, es hidrolizada rápidamente por la ureasa bacteriana
produciendo HCO3- marcado que es absorbido, transformado
en 13 CO2 o 14 CO2 y medido en el
aliento.
DIAGNÓSTICO EN PERROS Y GATOS
Se
cree que los vómitos crónicos y la gastritis crónica potencialmente sub‑clínica,
son las manifestaciones principales de la infección por helicobacterias en
perros y gatos. Cuando el problema son los vómitos, el enfoque diagnóstico se
centra en descartar las causas infecciosas, parasitarias, dietéticas, tóxicas,
metabólicas y no gastrointestinales de los vómitos, basándose en la historia y
el examen físico, las pruebas de laboratorio y las radiografías o ecografías.
Una vez hecho esto, se usa la endoscopia para investigar las causa de vómitos de
origen gástrico e intestinal superior y se llega a un diagnóstico de infección
por helicobacterias demostrándolas en la biopsia gástrica. Las pruebas no
invasivas para detectar helicobacterias no han sido todavía validadas en perros
y gatos. Se ha demostrado una respuesta humoral a H. pylori y H. felis
en perros y gatos después de la infección experimental, pero esto no tiene
todavía una aplicación clínica. La apariencia endoscópica del estómago de los
perros y los gatos con un gran número de helicobacterias, se caracteriza por la
presencia de grandes cantidades de moco y marcas mucosas superficiales que
parecen correlacionarse con los folículos linfáticos (Figura 5). Para detectar
las helicobacterias, usualmente, se someten las biopsias gástricas a la prueba
de la ureasa, a cultivo microbiológico y a una evaluación histológica con H&E y
tinción de Warthin‑Starry. La evaluación de la producción de ureasa por biopsias
endoscópicas se emplea comúnmente y es una prueba efectiva en perros y gatos
(Figura 3). La prueba de la ureasa es usualmente positiva en 1‑3 horas en los
perros y en los gatos con infección severa, pero puede tardar hasta 24 horas
cuando hay un número pequeño de bacterias. Se puede usar la histopatología
usando una tinción de H&E para demostrar organismos espirilados grandes sobre el
moco gástrico. La tinción de Warthin‑Starry facilita la detección de un número
menor de bacterias que la H&E y las hace más fácilmente distinguibles de la
mucosa, especialmente en las glándulas y en las células parietales (las
bacterias se ven como espirales negras sobre un fondo marrón claro: Figura 1).
También se puede intentar determinar el tipo de Helicobacter en las secciones
teñidas con Warthin‑Starry: H. felis, H. heilmanni y H. bizzozeronii
son espirales gástricas grandes (7‑10 μm) mientras que el H. pylori es
más pequeño (2‑4 μm) y puede estar presente en forma de coco. Se ha usado la
microscopía electrónica para determinar más específicamente las helicobacterias
en las biopsias de los perros y gatos (basándose en la presencia o ausencia de
repliegues o flagelos polares) pero esto consume mucho tiempo, es caro y puede
no indicar una especie definitiva. La reacción en cadena de la polimerasa (PCR)
y la hibridación in sito son herramientas que están siendo desarrolladas para
permitir la identificación específica de estos organismos en las biopsias
gástricas.
Figura 5 Aspecto endoscópico del estómago de un perro que tenía vómitos
crónicos y una colonización extensa con helicobacterias, cuyos síntomas
desaparecieron después del tratamiento con una terapia antimicrobiana y
antisecretora. Se pueden ver fácilmente las pequeñas marcas en la mucosa
gástrica que son consistentes con áreas de hiperplasia linfoide en las biopsias.
TRATAMIENTO
as recomendaciones del Instituto Nacional de la Salud (NIH) de Estados Unidos
para el tratamiento de los humanos, indican que todos los pacientes con úlceras
gástricas o duodenales que están infectados con H. pylori deben ser
tratados con un fármaco antimicrobiano. Actualmente no se recomienda el
tratamiento antimicrobiano de los pacientes asintomáticos infectados con H.
pylori sin úlceras. Los antimicrobianos que han sido efectivos contra el
H. pylori incluyen la amoxicilina, el metronidazol, las tetraciclinas, el
bismuto y la claritromicina. Ningún medicamento antimicrobiano por si solo ha
conseguido una tasa de erradicación adecuada. La combinación de antimicrobianos
y agentes antisecretores gástricos (como ranitidina u omeprazol), han conseguido
las tasas de erradicación más altas (80‑90%). Las combinaciones efectivas
incluyen metronidazol, amoxicilina y ranitidina administradas durante 12 días,
seguidas por ranitidina durante 30 días. Informes recientes sugieren que la
combinación de omeprazol (un inhibidor de la ATPasa H+/K+)
y claritromicina, es también un régimen de tratamiento extremadamente efectivo.
Es
importante la investigación de seguimiento después del tratamiento para asegurar
que la erradicación ha sido exitosa. Una prueba del aliento 30 días después de
completar el tratamiento antimicrobiano o una biopsia endoscópica, son las
únicas formas definitivas de asegurar que la infección ha sido erradicada. Sin
embargo, como la prueba del aliento todavía no ha sido aprobada formalmente y la
endoscopia es cara, la confirmación de la erradicación se restringe
frecuentemente a los pacientes con persistencia o retorno de los síntomas.
Las guías para el tratamiento del Helicobacter en perros y gatos no han sido
establecidas todavía. La falta general de conocimiento de la patogenicidad de
las helicobacterias gástricas en los perros, ha significado que los veterinarios
se encuentran con el dilema de tratar o ignorar las bacterias espirales
observadas en las biopsias de los pacientes con vómitos y gastritis crónica. En
vista de su patogenicidad en humanos, y antes de iniciar el tratamiento con
agentes inmunosupresores para controlar la gastritis, parecería prudente que se
intente la erradicación de las helicobacterias gástricas en los pacientes
sintomáticos (usualmente con vómitos), cuyo trabajo diagnóstico indica que la
gastritis es la causa de estos signos. Aunque los regímenes de tratamiento no
han sido evaluados críticamente en perros y gatos con helicobacteriosis, los
resultados de los estudios en humanos y de los estudios preliminares en
animales, sugieren que la combinación de metronidazol, amoxicilina y ranitidina
o de claritromicina y omeprazol, pueden ser efectivas.
PREVENCIÓN
La
frecuencia extremadamente alta de H. pylori y la morbilidad asociada con
la infección en las personas, hace que sea preferible prevenir que tratar la
infección. Los experimentos para investigar una vacuna contra la infección por
helicobacterias, han tenido éxito en prevenir la infección y en curar una
infección establecida en los ratones infectados con H. felis. La carrera
es ahora para desarrollar una vacuna contra el H. pylori que pueda
transformar gran parte de las úlceras gastroduodenales en una cosa del pasado.
Cuando se sepa más sobre la relación de las helicobacterias con la enfermedad en
perros y gatos, una estrategia similar puede ser igualmente deseable.
REFERENCIAS
Tompkins, L. S., Falkow, S. The new path to
preventing ulcers. Science 1995; 267: 1621‑22.
Smoot, D. T., Hamilton, F. A. Summary of the
National Institutes of Health consensus development conference on Helicobacter
pylori. Gastrointestinal Disease Today 1995; 4:1‑10.
Blaser, M. J. The bacteria behind ulcers. Scientific
American 1996; February: 104‑7.
Lee, A., Fox, J. G., Hazell, S. Pathogenicity
ofHelicobacter pylori: a perspective. Infection and Immunity 1993; 61: 1601‑10.
Veldhuyzen van Zanten, S. J. 0., Sherman, P. M.
Indications for the treatment of Helicobacter pylori infection: a systematic
overview. Canadian Medical Association Journal 1994;150: 189‑98.
EUROGAST study group. Epidemiology of, and risk
factors for, Helicobacter pylori infection among 3194 asymptomatic subjects in
17 populations. Gut 1993; 34:1672‑77.
Walsh, J. H.,
Peterson, W. L. The treatment of Helicobacter pylori infection in the management
of peptic ulcer disease. New England Journal of Medicine 1995; 333: 984‑91.
Lee, A. Spiral organisms: what are they? A
microbiological introduction to H. pylori. Seandinavian Journal of
Gastroenterology 1991; 26 (suppl 187): 9‑22.
Mobley, H. L. T. Defining Helicobacter pylori as a
pathogen: strain heterogeneity and virulence. American Journal of Medicine
1996;100: 2S‑11S.
Cave, D. R. Transmission and epidemiology
ofHelicobacter pylori. American Journal of Medicine 1996; 100: 12S‑18S.
Cutler, A. F. Testing for Helicobacter pylori in
clinical practice. American Journal of Medicine 1996; 100: 35S‑41 S
Puera, A, D. Helicobacter pylori and ulcerogenesis.
American Journal ofMedicine 1996;100: 19S‑26S.
Paster, B. J., Lee, A., Fox, J. G. et al. Phylogeny
ofHelicobacter felis sp. nov., Helicobacter mustelae, and related bacteria.
International Journal of Systematic Bacteriology 1991; 41: 31‑38.
Furuta, T., Kaneko, E., Suzuki, M., Ara¡, H., Futami,
H. Quantitative study of Helicobacter pylori in gastric mucus by competitive PCR
using synthetic DNA fragments. American Society of Microbiology 1996; 34:
2421‑25.
Geyer, C., Colbatzky, F., Lechner, J. et al.
Occurrence of spiral‑shaped bacteria in gastric biopsies of dogs and cats.
Veterinary Record 1993; 133: 18‑19.
Happonen, I., Saari, S., Castren, L., Tyni, 0.,
Hanninen, M. L., Westermarck, E. Occurrence and topographical mapping of gastric
Helicobacter‑like organisms and their association with histological changes in
apparently healthy dogs and cats. Journal of the American
VeterinaryMedicineAssociation 1996;43:305‑15.
Hermanns, W., Kregel, K., Breuer, W., Lechner, J.
Helicobacter‑like organisms: histopathological examination of gastric biopsies
from dogs and cats. Journal of Comparative Pathology 1995;112: 307‑18.
Otto, G., Hazell, S. H., Fox, J. G. et al. Animal
and public health implications ofgastric colonization of cats by
Helicobacter‑like organisms. Journal of Clinical Microbiology 1994; 32: 1043‑49.
Eaton, K. A. Gastric bacteria in dogs and cats.
Veterinary Previews 1995; 2: 3‑6.
Lee, A., Hazell, S. L., 0'Rourke, J., Kouprach, S.
Isolation of a spiral shaped bacterium from the cat stomach. Infection and
Immunity 1988; 56:2843‑50.
Radin, M. J., Eaton, K. A., Krakowka, S. et al.
Helicobacter pylori gastric infection in gnotobiotic beagle dogs. Infection and
Immunity 1990; 58: 2606‑12.
Fox, J. G., Batchelder, M., Marini, E. et al.
Helicobacter pylori‑induced gastritis in the domestic cat. Infection and
Immunity 1995; 63: 2674‑81.
Handt, L. K., Fox, J. G., Dewhirst, F. E. et al.
Helicobacter pylori isolated from the domestic cat: public health implications.
Infection and Immunity 1994; 62: 2367‑74.
Weber, A. F., Schmittdiel, E. F. Electron
microscopio and bacteriologic studies of spirilla isolated from the fundic
stomachs of dogs and cats. American Journal of Veterinary Research 1962; 3:
422‑26.
Solnick, J. V., 0'Rourke, J., Lee, A., Paster, B.
J., Dewhirst, F. E., Tompkins, L. S. An uncultured gastric spiral organism is a
newly identified Helicobacter in humans. Journal of Infectious Diseases 1993;
168(2): 379‑85.
Czinn, S. J., Cai, A., Selhnan, S. P. B., Nedrud, J.
G. Oral immunization induces humoral and cell mediated immunity and protects
germ free mice against infection from Helicobacter felis. In: Mestecky, J., ed.
Advances in Mucosal Immunology. Plenum Press, NewYork, 1995: 1645‑48.
Fuente: Revista FOCUS Volumen 7 N° 3 1997
Fuente: MEVEPA.CL