Las anomalias reproductivas ligadas al carácter acorne en el ganado cabrío*

 

 

Por Andrés J. FLORES ALES

 

(* Publicado en Nuestra Cabaña, noviembre 1981, nº 4)

 

INTRODUCCION

Nuestra permanencia durante más de un año en el Matadero Municipal de Málaga nos ha servido, entre otras cosas, para comprobar que las anomalías reproductivas ligadas al carácter acorne en el ganado caprino español se presentan con mayor frecuencia de lo que parece a simple vista.

Hemos tenido oportunidad de diagnosticar anatomopatológicamente casos clarísimos de hermafroditismo, idénticos a los descritos por Froget, Lornbard, Khavari y Nain (1971), así como otros casos curiosos de seudohermafroditismo o puestos de manifiesto por anamopatólogo tan relevante como Mañas (1980). También hemos observado que se sacrifican jóvenes machos inadecuados para la reproducción, cabras que han quedado vacías en repetidos celos y numerosos chivos y cabritos nacidos de padres mochos, en los que se apreciaban anormalidades.

No se nos oculta la esterilidad producida por padecimientos de enfermedades infecciosas, parasitarias o metabólicas; tampoco las debidas a dietas incorrectas o a traumatismos. Todas estas posibles causas han sido descartadas antes de afirmar que uno de los principales motivos de esterilidad y pérdidas zootécnicas en la cabra es de origen genético, Más categóricos son otros autores, como Ricordeau, Bouilion y Hulot (1972), quienes, tras estudiar 540 machos cabríos de tres razas distintas durante seis años, afirman que las anomalías de fertilidad de los mismos son únicamente de origen genético.

Con los sondeos que hemos efectuado en el matadero sobre cabreros, entradores y carniceros, hemos podido comprobar que el problema es más preocupante en animales de costa y vega que en los de monte y sierra, Testimonio confirmado por veterinarios y cabreros en explotaciones de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga y Sevilla.

Bien es cierto que el carácter acorne ha preocupado también en otros rumiantes (Vera, Rodríguez, Aparicio, Rodriguez y Camps, 1977), pero lo que es indudable es que ninguno de ellos ha supuesto tantos problemas a los veterinarios y ganaderos como presentaron y aún presentan en la cabra. Lo conseguido en las especies bovina y ovina de crear razas acornes es un objetivo inalcanzable en la especie caprina y, en el caso de realizarse, es a costa de grandes pérdidas. Insistimos en este particular porque, como dicen Ricordeau y Sigwald (1977), estaremos obligados a soportar durante largo tiempo el error cometido por los seleccionadores.

Consideramos que los inconvenientes que tienen las cabras con cuernos (difícil manejo, riesgos de golpes y heridas entre ellas, automutilaciones al engancharse en comederos, etc) son perfectamente superables, recurriendo a la operación zootécnica del descarnado, realizando estudios detallados de su comportamiento etológico (Baro, 1980), con la ordenación racional de las instalaciones, un mínimo de espacio útil y con el diseño especial de los pesebres, Todo esto en relación a cabras explotadas en semiestabulación o estabulación permanente, pero no a las criadas en plan extensivo, pues en ellas el fanero cuernos es un órgano muy útil para abrirse camino entre la espesa vegetación del monte, donde suelen ser mantenidos tan rústicos poligástricos. Es por ello por lo que discrepamos del razonamiento de French (1970), cuando refiriéndose a los cuernos de las cabras domésticas dice que son apéndices sin propiedades específicas.

PROBLEMATICA ACTUAL

Los estudios publicados al respecto sobre la intersexualidad asociada a la ausencia de cornamenta en la especie caprina se remontan al siglo XIX con Morot (1889) y Petit (1894). Es a partir de entonces cuando las investigaciones sobre cornamenta, intersexualidad, esterilidad, determinaciones citológicas y cariotípicas, estudios genéticos, etc., e incluso tesis doctorales, como las de Schoiz (1925), Niemann (1926) y Sionneau (1964), por citar algunas, se han dedicado a tan apasionante tema.

Es interesante el trabajo de Boyajean (1969) sobre la intersexualidad en la cabra de origen alpino, porque recopila los 228 estudios realizados desde 1 889 a 1 969 sobre este aspecto. De todos ellos destacamos los dos publicados en 1969 por Lauvergne, quien efectúa un análisis detallado y ameno de los conocimientos genéticos y propone un modelo matemático para estudiar las frecuencias del equilibrio del gen responsable de la ausencia de cuernos y de la intersexualidad, valiéndose de 1 3 parámetros.

Desde 1 969 hasta la fecha actual se ha seguido investigando y publicando sobre el problema que nos ocupa. Los trabajos más recientes que conocemos son del presente año de Bouiilon y de Randa.

La clasificación más generalizada sobre la intersexualidad de las cabras sin cuernos es la de Jost y Lauvergne (1969). quienes dicen que hay tres tipos principales de anormales:

Sollor, Padsh, Wysoki y Ayalon (1969) demostraron que los dos primeros tipos son genéticamente hembras, mientras que el tercero es genéticamente macho.

Por esta razón, Joet y Lauvergne aconsejan ante un caso de intersexualidad hereditaria conocer el sexo cromos6mico mediante exámenes del cariotipo, pues a pesar que Weber (1969) mantiene que desde 1959 se diferenciaban en los concursos de razas sin cuernos los dos tipos de fenotípicos de machos estériles por simple examen externo, Carew y Egbuniko (1980) no encuentran correlación entre producción espermática y algunas medidas testiculares externas, destacando también que los testículos de mayor tamaño no son necesariamente los más eficientes en la producción de espermatozoides. Independientemente, el análisis laboratorial del semen ayuda muchísimo a diagnosticar correctamente los distintos tipos de infertilidad y de esterilidad, tal como demuestran Galloway y Norrnan (1980).

Para explicar la aparición de machos estériles, intersexos y desequilibraos sexuales en los apareamientos entre animales acornes, Ricordeau y Lauvergne (1967) propusieron una hipótesis única: el mismo gen autosomal dominante para la ausencia de cuernos tiene un efecto recesivo de masculinización sobre las hembras genéticas. Esta hipótesis fue comprobada estadísticamente y corroborado por otros autores trabajando con diferentes poblaciones caprinas. Así Hancock y Louca (1 975) estudiaron 3.595 cabritos de raza de Damasco procedentes de 2.208 partos dé cruzamientos controlados, confirmando que en esa raza también se cumple la teoría actual sobre la herencia del gen P para la ausencia de cuernos (efecto dominante directo) y su asociación con la intersexualidad (efecto recesivo pleiotrópico).

Mackenzie (1970) dedica en su libro una parte muy amplia del capítulo de la reproducción al carácter acorne-anomalías reproductivas y lo ilustra gráficamente mediante dibujos fácilmente comprensibles. French (1970), aunque en menos páginas, aborda la explicación del problema con gran claridad en el apartado de factores fisiológicos, al igual que Devendra (1970). Otros autores, como Quitot (1976). Hetherington (1980) y Drisu (1981) recomiendan, asimismo, la no utilización de sementales mochos.

Lamentablemente, y a pesar de los resultados indiscutibles de los investigadores de que la selección de una población caprina acorne es perjudicial, los ganaderos continúan esta línea de selección fenotípica que conlleva pérdidas en la producción caprina. El motivo de esta actuación se basa en un desconocimiento de la correlación existente entre el carácter cuerno y funcionalidad.

Recordemos que, según Lauvergne (1969), para la creación de una línea acorne habría que eliminar al 50 por 100 de las hembras y del 28 al 48 por 1 00 de los machos, lo que es muy gravoso en cualquier explotación, teniendo en cuenta que, además, hay que realizar programas de selección basados en controles de rendimiento de las hembras y testaje de sementales. A todo ello hay que añadir las pérdidas debidas a la detección tardía de machos estériles que no podrán ser vendidos como sementales, las derivadas de las cabras que fueron montadas y quedaron vacías, los gastos propios de alimentación, instalaciones, vacunas, etc., y las pérdidas de los chivos y cabritos visiblemente anormales que representa un gasto adicional por el control sistemático de todos los jóvenes futuros sementales.

SITUACION EN ESPAÑA

A pesar de que en nuestro país no se han realizado encuestas como las de Ricordeau, Bouillon, Disset y Lajous (1971) para conocer la frecuencia real del gen P en las distintas poblaciones de ganado cabrío español, sí tenemos noticias de la existencia de un interesante proyecto de investigación iniciado en la agrupación caprina murciano - granadina (Boza, 1980). También nos alegra comunicar que desde 1 979 sólo podrán ser inscritos en el Centro Nacional de Selección y Reproducción Animal de Murcia machos murcianogranadinos con cuernos, siendo descartados como reproductores selectos los acornes; esto queda bien claro en el capítulo VI, anexo 2.1. del Esquema de Valoración Genético - Funcional de Machos Reproductores de la Raza Murciano-Granadina (BOE de 29 de marzo de 1979).

Estas dos decisiones han surgido gracias a la recomendación sexta del Symposium sobre la Cabra en los Países Mediterráneos, que advertía la existencia de una relación entre la ausencia de cuernos y ciertas anormalidades de los caracteres de la reproducción en el ganado cabrío, y sugería la realización de una coordinada labor analítica sobre esta cuestión en las diferentes razas españolas, para llatar la atención a los ganaderos en caso cie ser comprobada (Federación Europea de Zootecnia y Comité Nacional Español de Zootecnia, 1977).

Sin embargo, en otras razas españolas se está actuando de forma erróriea, ya que, en el caso de la raza malagueña, en un reciente estudio faneróptico (Herrera, Flores y Aparicio, 1981), se ve claramente que existe una tendencia hacia la consecusión de una línea acorne, a pesar de haber sido ya denunciado (Flores, 1980 y 1981) que en los rebaños con reproductores mochos existe un porcentaje elevado de henbras estériles (machorras, como dicen los cabreros), hermafroditas, seudohermatroaitas, machos estériles, monórquidos, etc., dato que no debe extrañar al afirmar Lauvergne (1970) que el gen de la interxesualidad ligado al carácter acorne está muy repartido en todas las razas de cabras domesticas.

RESUMEN

Un único gen es el responsable de la ausencia o de la presencia del fanero cuernos en la especie caprina y se presenta bajo dos formas:

P dominante = ausencia de cuernos.

p recesivo = presencia de cuernos.

Como el gen está siempre por partida doble, los caprinos tienen las tres fórmulas genéticas siguientes:

PP = mochos.

Pp = acornes, puesto que P domina sobre p.

Pp = con cuernos.

Como el carácter acorne va unido a anomalías reproductivas, ha de tenerse obligatoriamente un padre, al menos, que posea cuernos, para producir sólo animales fértiles. El empleo exclusivo de machos con cuernos es aún más fundamental cuando nos encontramos ante poblaciones de bajo efectivo numérico, poco conocidas genéticamente o ante un programa de fomento. mejora y selección.

No queremos finalizar sin señalar otra propiedad del gen P: la fecundidad de las hembras heterocigotas Pp es un 5 por 100 mayor a la fecundidad de las hembras homocigotas con cuernos pp (Laor, Barnea, Angel y Solier, 1962). Por otra parte, en los machos homocigolos PP existe una superfecundidad en comparación a los heterocigotos Pp y a los homocigotos pp (Rícordeau y Lauvergne, 1967). No obstante, este aparente beneficio al aumentar la proporción de partos dobles y triples no es recomendable ni deseable conseguirlo por este sistema, pues los inconvenientes superan con mucho a las ventajas y el tributo económico que ello supone es enorme.

En conclusión, el ganadero debe elegir siempre reproductores genotípicamente con cuernos, aunque luego, según el sistema de explotación seguido, se los supriman artificialmente; por otro lado, tanto en las ferias. como en las exposiciones y concursos, los ejemplares con cuernos deben ser preferidos a los mochos, debiéndose llegar al extremo de que ningún organismo oficial subvencione la adquisición de animales acornes y que en ningún caso se utilice el semen procedente de machos cabríos carentes de cuernos para la inseminación artificial

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