Exéresis de cadera como opción terapéutica tras diagnóstico radiográfico de cojera del tercio posterior: estudio retrospectivo de 25 casos

Por Luengo ME, Flores AJ, Gutiérrez JA,Delgado LM, Alvarez JL y  Moralobo MC., del Hospital Centro Policlínico Veterinario Málaga

* Comunicación Libre presentada al II Congreso Nacional de AEVEDI y I Jornadas de Encuentro Científico Internacional: Diagnóstico - Tratamiento por Imagen y Telediagnóstico en Veterinaria, Córdoba (España), 5-7 marzo 1999.

 

Introducción.

Hemos realizado un estudio retrospectivo de 25 casos de artroplastias de excisión para intentar descubrir qué factores pueden influir en el éxito de la operación y comprobar qué imágenes radiográficas nos llevaron a realizar este tipo de intervención.

Luxaciones coxofemorales, necrosis asépticas de cabeza de fémur, displasias de cadera y distintas fracturas de cuello, cabeza y acetábulo fueron los diagnósticos radiológicos definitivos que nos llevaron a realizar la amputación de la cabeza femoral.

Cuando se presenta un perro con cojera del tercio posterior realizamos anamnesis y reconocimiento físico y realizamos radiografías para llegar a determinar el grado de lesión y poder proponer un tratamiento.

El decidir un tratamiento médico conservador o el realizar cirugía está condicionado por múltiples factores. Estos factores no son sólo técnicos sino tambien de índole económicos.

La cirugía de la cadera es sin duda la mejor alternativa en la mayoría de las ocasiones para recuperar la funcionalidad del miembro afectado y eliminar, reducir o paliar el dolor que es causa de la cojera.

Existen multitud de técnicas quirúrgicas que conservan la integridad ósea en la articulación coxo-femoral pero todas ellas conllevan un gasto en material de osteosíntesis y una prolongación del tiempo quirúrgico que necesariamente ha de ser repercutido al cliente en la factura por honorarios.

En una clientela primordialmente de perros dedicados a la compañía, con escaso valor deportivo y de propietarios particulares no profesionales el factor económico ha de tenerse presente y por ello la alternativa de eliminar quirurgicamente la cabeza femoral, si con ello se consigue cubrir a bajo coste las espectativas de curación, sigue teniendo, según nuestro criterio, y en ciertas circunstancias, total vigencia y justificación.

Por otro lado la cadera es una articulación esférica con grandes posibilidades de movimiento y que soporta una gran tensión.

Está rodeada por una cápsula articular que, junto con el ligamento redondo, le proporciona estabilidad.

Además, existen muchos músculos que actúan en todas las direcciones, siendo fundamentales para el apoyo y la estación, sin que existan más estructuras ligamentosas. Entre estos músculos pueden citarse el grupo glúteo, el grupo de los músculos del muslo, el músculo pectíneo, los obturadores, el iliopsoas, el sartorio y el tensor de la fascia lata.

Esta conformación anatómica hace posible que, si eliminamos quirúrgicamente la cabeza del fémur, se forme una falsa articulación fibrosa que haga posible restablecer la movilidad del miembro en un porcentaje bastante elevado.

Así pues en esta comunicación presentamos algunas imágenes radiográficas previas y posteriores a distintas operaciones de exéresis de cabeza femoral, al igual que fotografías de la técnica quírúrgica utilizada, explicando en conjunto estos 25 casos clínicos y nuestros resultados y conclusiones al respecto.

Material y método.

 

Para este estudio hemos revisado un total de 25 casos de perros a los que se les ha extirpado la cabeza y el cuello femorales por diferentes motivos:

 

Sexo: de los 25 perros, 10 eran hembras y 15 machos.

Edad: 9 eran menores de 1 año, 14 tenían edades comprendidas entre 1 y 7 años, y 2 eran perros de más de 8 años.

Tamaño/peso: 12 eran de talla pequeña, 7 medianos y 6 de gran talla superando los 25 kg.

Razas: caniche, pastor alemán, pastor belga, doberman, fox terrier, cocker spaniel inglés, pequinés, turco andalúz, yorkshire terrier y mestizo.

Todos estos casos fueron, tras la correspondiente anamnesis, sometidos a exploración y reconocimiento físico, realizándose además un estudio radiográfico completo para poder emitir un diagnóstico y establecer el tratamiento. La radiología es, sin duda, el método diagnóstico de elección para problemas óseos. Además de evidenciar la lesión de que se trata podemos apreciar la importancia de la misma y elegir la terapéutica más apropiada para cada caso. La postura radiográfica más utilizada por nosotros para el diagnóstico de lesiones en la articulación coxofemoral es la ventrodorsal, con el perro colocado en decúbito dorsal, la pelvis simétrica, los fémures extendidos al máximo y paralelos entre sí y las rodillas rotadas internamente. Una proyección laterolateral u oblicua también puede sernos útil.

En los veinticinco casos que conforman este estudio las lesiones que encontramos fueron: quince luxaciones coxofemorales, dos necrosis asépticas de cabeza de fémur (enfermedad de Legg-Calve-Perthes), tres displasias de cadera y cinco fracturas, de las cuales tres eran de cuello femoral, uno de cabeza y la última afectaba al acetábulo.

En cinco de los pacientes, estos hallazgos se acompañaban de otras lesiones ortopédicas detectadas por radiografías como fractura de ilion y rotura de ligamentos cruzados de la rodilla del mismo miembro, fractura de isquion del mismo miembro y fisura en el isquion del lado contrario junto con fractura de rótula en el lado opuesto, fractura de las ramas del pubis del mismo lado y de la sínfisis del pubis (en dos de los casos) y fractura de sacro.

Una vez diagnosticado el tipo de lesión se optó por un tratamiento quirúrgico mediante la exéresis de la cabeza del fémur, como opción más recomendable en los casos en los que la destrucción de tejido era tal que las posibilidades de buenos resultados con técnicas de osteosíntesis eran muy escasas, como son los perros que sufrían necrosis aséptica de la cabeza del fémur. En el resto de los casos se eligió esta opción entre otras atendiendo al factor económico, importante y, la mayoría de las veces, determinante para el propietario. En dos de los casos se utilizó esta técnica tras el fracaso o complicación de una primera: uno de ellos fue un caniche hembra de 5 meses que presentaba fractura del cuello femoral, se intentó su reducción con 2 agujas, una las cuales se rompió impidiendo la reducción de la fractura; fue entonces cuando se volvió a intervenir para extirpar la cabeza femoral. El otro caso es el de un perro mestizo macho de 3 años, en cuyo examen radiográfico se evidenció una fractura acetabular que se redujo con cerclajes, pero a los 6 meses se descubrió una artrosis bastante severa de esta articulación y hubo que realizar la exéresis de cabeza de fémur para eliminar el dolor y restablecer la funcionalidad del miembro.

Técnica quirúrgica: respecto a la técnica quirúrgica, hemos utilizado tres:

En todos los casos es imporatante que la superficie de corte quede lisa, sin excrecencias que puedan influir en una mala recuperación.

Los días transcurridos entre la primera visita y la intervención quirúrgica fueron desde un día hasta 5 meses. Este intervalo es tan amplio debido a los diversos motivos por los que se acudió al Hospital. Por ello, tendríamos que diferenciar aquí los casos agudos en los que hay lesiones por atropello u otros accidentes, en los que la media entre la aparición de la lesión y la operación fue de 6 días y los casos que podríamos llamar crónicos por ser problemas de displasia, necrosis aséptica o en los que sea necesaria una estabilización del paciente, debido a la presencia de alteraciones sistémicas (6 casos en total), que fue de 47 días.

Resultados.

 

Una vez realizada la intervención quirúrgica a todos los pacientes les fue prescrito un tratamiento antibiótico, analgésico y antiinflamatorio, así como reposo hasta que cicatrizase la herida cutánea y posteriormente ejercicio moderado con el fin de recuperar progresivamente la movilidad del miembro afectado. Se recomendaron paseos por la arena de la playa y natación si era factible, así como movimientos pasivos cuya duración se iría aumentando progresivamente. Por todo esto, la colaboración del dueño es importante para una buena recuperación del animal.

El tiempo medio de recuperación de estos 25 perros ha sido de 1'5 a 2 meses, habiendo perros que a los 15-20 días andaban casi con normalidad y otros que tardaron 3-4 meses en poder hacerlo.

En dos de los perros intervenidos se presentaron complicaciones, que fueron debidas a otras lesiones concomitantes: un perro (mestizo, macho, de 1 año) con fractura de sacro presentó posteriormente problemas en la micción por la presencia de un callo óseo excesivamente grande y el otro paciente (macho, de 3 años), al que le redujimos una fractura acetabular previamente a la exéresis de cadera, siguió con problemas de cojera y posturas anómalas al defecar por hacer protuberancia en el recto un fragmento del acetábulo.

Conclusiones.

 

De este estudio retrospectivo podemos obtener:

Bibliografía.