El Podenco Malagueño*

Por Andrés J. Flores Alés

Hospital Centro Policlínica Veterinario Málaga

(* Publicado en "Perros de Caza", nº 19, agosto 1992, pág. 54-58).

 

Introducción.

El podenco malagueño es una raza, variedad o ecotipo, como se prefiera, dentro del grupo de podencos ibéricos. Es un podenco español natural de Andalucía que se ha adaptado perfectamente a la climatología, topografía del terreno y, en definitiva, a los cazaderos de la provincia de Málaga con una especialización en la caza del conejo.

El definir al podenco malagueño como un podenco ideal para la caza del conejo, bien cazando sólo o en jauría, con su modo de hacer legre y nervioso, empleando simultáneamente olfato, vista y oído y con su latir característico; o definirlo como un perro de caza rústica, sobrio, bien proporcionado y musculado, no sería más que el demostrar el por qué ha sobrevivido a las modas de otras razas caninas más elegantes, o la prueba de que la selección se hace en esta raza por la funcionalidad exclusivamente, ya que el cazador malagueño es práctica y un podenco que no caza se elimina de inmediato.

El media rural, el campo malagueño ha sabido conservar con celo razas que han contribuido al enriquecimiento cultural pero también han influenciado, mejorando, otras agrupaciones vecinas, y siempre sin perder su entidad. A los ganaderos y cazadores debemos agradecer el que aún hay la cabra Malagueña, el turco (turco andaluz o perro de agua español, como también se le llama) y el podenco malagueño sigan existiendo.

El podenco ibérico autóctono español, es una realidad existente y no discutida, no así lo son sus orígenes, denominaciones y los distintos tipos de presentación en su área geográfica.

Si nosotros afirmamos que hay un podenco ibérico español andaluz en Málaga bien definido en cuanto a agrupación y se nos acusa de localista, por bautizarla como malagueño, bien se podría haber dicha lomismo de Muñoz Seca, cuando en el prólogo que hace al libra de Alberto Carrege, titulado "Martín el podenquero", describe un podenco rondeño, afirmando que esa localidad de Málaga es la cuna del podenco conejera andaluz.

Nos da igual.

La realidad es que el podenco malagueño está ahí, existe y además ha sido estudiado científicamente y definido su patrón racial en los dos acontecimientos cinófilos que han marcado fechas claves de referencia en la historia reciente de nuestras razas de perros: El I Symposium Nacional de Razas Caninas Españolas en 1982 y el 22 Symposium Internacional de Razas Caninas Españolas en 1992, celebrados ambos en Córdoba, dentro del ámbito universal y científico que le da la Facultad de Veterinaria.

La agrupación o razas de podencos ibérica autóctono español, en sus tres tipos, atendiendo a la talla (pequeñaa, mediana y grande) con sus tres variedades de pelo (corta, duro y largo), fueron bien descritos por el conocido cinófila y cazador Raúl García Bengoechea, en una serie de artículos publicados en 1961.

Nuestro podenco ibérico, o español, o andaluz nada tiene que ver con el podenco ibicenco o con el podenco canario, que aunque también son españoles, no son ibéricas; tampoco tiene que ver con el podenco portugués ni con el cirneco dell'Etna. Todas estas razas pueden ser que deriven de un tronco lejano común, pero las diferencias son bien evidentes.

Dado que la raza es reflejo de su ecología no se puede negar que cada cual "bautice" a su podenco como mejor le parezca: podenco campanero, podenco gallego, podenco alicantino, podenco andaluz, etc, ya que todos son podencos españoles adaptados al terreno y condiciones específicas, con muchas cosas en común, la primera ser podencos españoles, y algunos claramente diferenciales, que son los que le dan su entidad como raza.

A nuestro podenco malagueño no pretendemos compararla con las podencos medianos de otras localidades españolas, donde también existen y estaríamos dispuestos a incluirla dentro de un futuro patrón racial del podenco ibérico, del podenco español, o del podenco andaluz, como se prefiera, siempre que no se eliminen ejemplares cazadores por meros caprichos morfológicos sin suficiente base científica ni demostración de correlaciones con características funcionales cazadoras. Si así fuera bien venido sea la homologación, el reconocimiento de raza, el libro de orígenes español, o cualquier otra cosa que pueda encasillar al podenco malagueño dentro de la cinofília oficial.

Pero si se parte de criterios preestablecidos que no tengan en cuenta la población real de podencos de Málaga, somos partidarios de que el podenco malagueño siga cazando sin "estandar" y cuando la veda está cerrada, descansando en sus perreras. El cazador malagueño no necesita demostrar lo bonito que es su perro exhibiéndolo en exposiciones y en concursos de belleza canina, si con ello pierde tan sólo una de las características cazadoras que lo han conservado a través de los siglos. Si eso ocurre habrá en un futuro podencos andaluces de exposición pero quien quiera un podenco andaluz cazador siempre podrá venir a Málaga donde se seguirá seleccionando por su olfato, vista, oído, capacidad de resistencia, instinto maternal y todas aquellas otras cualidades funcionales de un perro conejero.

Ningún cazador malagueño va a eliminar buenas líneas de sangre cazadoras de podencos porque a alguien se le ocurra decir que la trufa no puede ser negra, por ejemplo.

La revista Perros de Caza nos brinda la oportunidad de dar a conocer con este artículo algunas de las características morfoestructurales medibles del podenco andaluz malagueño; con ella pretendemos dar un paso importante que a buen seguro beneficiará al grupo de podencos ibéricos.

Nuestra línea de investigación se inició en 1982 con el estudia de 38 individuos, y se ha continuado en 1992, ampliándolo con 120 ejemplares; los 61 machos y 97 hembras que conforman la muestra total de 158 perros podencos fueron recogidos en distintas poblaciones de la provincia de Málaga (Pizarra, Campanillas, Casabermeja, Almogía, Rincón de la Victoria, Benagalbón, Chilches, etc), utilizando fichas y fotografías en

color individualizadas, siendo todos los perros controlados podencos del terreno dedicados a la caza del conejo y no integrantes de jauría.

Se controlaron siete caracteres fanerápticas y diecisiete medidas zoométricas entre alzadas, diámetros, perímetros e índices.

Fanerópticos.

Muchas de las características morfológicas se pueden apreciar en la colección de fotografías que acompañamos: la capa, perfiles, proporcionalidad y morfotipo en general.

En cuanto al color de la a capa o manto hemos observado las siguientes: entre las capas uniformes monocolores la roja en sus variantes de clara, caoba, avellana y anaranjada; caoba clara; canela, clara y oscura; y retinta o leonada, en sus cinco variantes de clara, naranja, trigueña, dorada y acastañada.

La capa negra se ha encontrado en un individuo. Sólo se han detectado ocho ejemplares de capa manchada, concretamente bicolor y más específicamente pia en canela y pia en castaña. No se ha encontrado animales con particularidades complementarias de carácter general pero sí bastantes con particularidades complementarias de carácter regional, concretamente: lucero; estrella, lista a cordón, collar, corbata, calzadas en todas sus variantes y con la punta de la cola blanca.

El color del iris es avellana, claro u oscuro.

Color la trufa: despigmentada (color "carne"), pigmentada en marrón (claro u oscura) a en negra, siendo los pigmentados más abundantes que los despigmentados.

Pelo: la variedad de pelo carta ha sido la más dominante, siguiendoles ejemplares con pelo corta pero con raspíl y/o pelliza, luego los de pelo duro o "pelicerdeños" y en menor cantidad los ejemplares "sedeños" o de pelo largo y suave.

Las orejas son triangulares y erguidas ("enveladas") en aptitud de aprestamiento atencional y plegadas sobre la cabeza en situaciones de desinterés y miedo, cambiando enormemente la expresión de la cara precisamente por esta gran movilidad de las orejas.

Cola caida hacia los corvejones en forma de sable en la mayor-ía de los ejemplares aunque nueve animales presentaban un ligero "gancho" en su extremo.

De las característica fanerópticas estudiadas las más discutidas entre los aficionados son el color de la capa y el color de la trufa.

Si bien es verdad que en este estudio no hemos encontrado otras capas que las dichas, recordemos que la capa blanca sí ha sido descrita por otras autores (García, 1961 y Contera 1980), además de haber visto nosotros numerosos podencos malagueños en otras localidades distintas a las muestreadas donde la capa pía y la blanca son predominantes. Por ello somos de la opinión que en un futura patrón racial debería haber una gran permisibilidad en cuanto a este carácter.

En lo que respecta a la pigmentación de las mucosas en general y de la trufa en particular, tanto en el estudio de 1962 como en el presente, las trufas pigmentadas (en negro a en marrón) predominan sobre las despigmentadas, siendo su proporción de 53% sobre 47% en 1982 y de 6(D% sobre 40% en 1992. No obstante no hay ningún argumento científico para pretender que ejemplares de un determinado color sean más o menos "puros" que los de otro, por lo que este carácter deberá seguir dejándose al criterio del criador, según sus gustos y preferencias personales, y en ningún caso debería ser, ni penalizado ni fomentado.

Zoométricos.

En cuanto a los datos zoómetricas estudiados somos conscientes de lo pesado y árido de su lectura pero es necesaria que la dejemos reflejado en este artículo para que pueda servir de referencia y comparación entre otros tipos de podencos.

En la referente a las dimensiones de la cabeza, machos y hembras son semejantes. Las medias del diámetro de longitud de la cabeza, tomado desde el borde anterior de la nariz hasta el punto más saliente de la nuca, es de 13'56 cm para los machos, con valores mínimos y máximos comprendidos entre 18'12 y 19 cm respectivamente. Para las hembras esta longitud media es ligeramente menor, de 18'14 cm, con valores mínimos y máximos comprendidos entre 17'6 y 19'62 cm. Igual ocurre con las medias del diámetro de anchura de la cabeza, 9'75 cm para los machos y 9'72 cm para las hembras, con oscilaciones entre 10'30 y 9'20 cm para los machos y 9'81 a 9'63 cm para las hembras.

Los diámetros de longitud de la cara y del cráneo son respectivamente de 10'32 y 11 cm para los machos y de 9'22 y 10'23 cm para las hembras.

A pesar de que las diferencias encontradas en los cuatro diámetros de la cabeza no alcanzan ningún nivel de significación, y por ser la relación

entre ellos diferente en los dos sexos, se justifica la discreta significación que encontramos en el índice cefálico, de 52 cm para los machos y de 54 cm para las hembras, por lo que el podenco malagueño se encuadra dentro de los perros de carácter dolicefálico.

En lo referente al tronco predominan los diámetros de longitud sobre los de anchura. El diámetro longitudinal es de 49'15 cm para los machos, con valores extremos de 50'04 y 48,26 cm; las hembras son menos variables en este carácter ya que su media es de 45'50 cm, con valores extremos de 46'27 y 44'73 cm, existiendo entre machos y hembras nivel de significación. Sin embargo, la profundidad del tórax no es significativa entre sexos, ya que el diámetro dorso-esternal arroja una media de 18'72 cm para los machos y de 18'50 para las hembras, con extremos de 19'54 a 17'90 cm para los machos y de 18193 cm a 18'07 cm para las hembras.

El perímetro torácico tampoco es significativo entre machos (51'45+1-2'4) y hembras (50'9+/-0'96).

Así pues, se afirma que los machos son más alargados que las hembras, tomando como referencia el índice corporal (94'93+/-3'46 para los machos y 89'2+/-1'30 para las hembras), ya que en el índice torácico las diferencias no son significativas (79'('4+/-3'35 para los machos y 79199+/- para las hembras).

Aunque los resultados de las medias nos define al podenco malagueño como un perro logilíneo, no podemos afirmar que ello sea correcto, dado que en el estudio individualizado de cada una de los ejemplares nos hemos encontrada con perros mediolíneos, coincidiendo con Contera (1980); puede ser que ello se deba a la variabilidad de la muestra, ya que aunque todos son podencos malagueños, cada pueblo de Málaga tiene su ecotipo determinado tal vez por el tipo de cazadero y por gustos personales ya que el concepto de belleza exteriorista es algo subjetivo.

El grupo de las alzadas a la cruz, a la mitad del dorso y al lomo presentan alto nivel de significación, siendo los machos claramente más altas que las hembras. Las medias correlativas de las tres alzadas son de 48,45'64 y 46'35 cm para los machos y de 44'7, 43'26 y 43'25 cm para las hembras, la que nos da una línea dorso-lumbar bastante horizontal. la mínima y máxima alzada a la cruz encontrada ha sido respectivamente de 46'76 y 49'24 cm para los machos y de 44'06 y 45'34 cm para las hembras, indicándonos que el podenco andaluz malagueño es un podenco ibérico de talla mediana, lo que lo encuadra en la descripción que hiciera Bengoechea (1961) del podenco ibérico media, y lo distingue claramente del podenco andaluz tipo rehala y de los podencos ibicencos y canarios.

En síntesis podemos afirmar que el podenco ibérico andaluz Malagueño es un perro de ta11a mediana, bien proporcionado, con alzadas más altas en los machos que en las hembras y con mayor robustez de los primeros, manifestados por los índices cefálicos y por los perímetros de la caña (10'95 cm en los machos y 9'32 cm en las hembras).

Resumen

Con este trabajo pretendemos ofrecer un homenaje a todos los cazadores, criadores y aficionados que han sabido preservar, al podenco de Málaga o malagueño. Nosotros, como veterinario afortunadamente hemos contribuido en muchos aspectos alentando y ayudando a esta raza de podencos de España y de Andalucía, y como científicos nos hemos limitado a reflejar como es de verdad el podenco conejero malagueño un cazador nato, de talla mediana, dolicéfalo, bien proporcionado, con dimorfismo sexual, de manto uniforme con particularidades complementarias de carácter regional, de trufa pigmentada o no, con buen olfato y oído y todas las otras cualidades que un cazador necesita para no tener que recurrir a otras razas foráneas ni envidiar lo que con esfuerzo de selección empírica se ha logrado.