Toxocariosis: zoonosis por nematodos*

Por Andrés J. Flores Alés

Hospital Centro Policlínico Veterinario Málaga

(*Publicado en revista Nuestros Perros, nº 5, abril 1.992).

 

Introducción

La toxocariosis es la más importante zoonosis parasitaria de transmisión indirecta, a través del suelo o vegetales contaminados.

Ecker (1989) afirma que la toxocariosis es una de las catorce zoonosis de importancia en Europa en las que intervienen los dos carnívoros de compañía, perro y gato.

Dentro de las zoonosis por nematodos diagnosticadas en España (Martínez, 1990), ocupa el segundo lugar, después de la triquinelosis, y plantea un verdadero problema de salud pública ya que es causa de una importante morbilidad, sobre todo en la población infantil.

Los veterinarios clínicos nos encontramos ante una situación de privilegio, al poder realizar una directa e individualizada educación sanitaria a cada propietario de perro/gato de forma clara y no alarmista.

Como veterinarios de salud pública, integrados en un equipo básico de atención primaria, en colaboración estrecha con los médicos, jugamos un relevante papel en la prevención y lucha de la toxocariosis.

Así pues, y dado que la infectación es más frecuente de lo que se piensa, debido a su inespecificidad en el hombre, y partiendo de que no existe ninguna relación directa entre el hecho de poseer o tener contacto con un animal para ser infectado, debemos extremar al máximo nuestra reiterada petición a las autoridades no sanitarias del control de los perros/gatos vagabundos, la formación sanitaria a la población con respecto a las medidas de higiene preventiva y la inspección de criadores, residencias y tiendas de venta de perros/gatos.

Incidencia

Según Glickman y Schantz (1981), aproximadamente el 2% de la población humana, aparentemente sana de los paises desarrollados, muestra la evidencia inmunológica de infectación por T. canis. Estas cifras coinciden con los estudios de Soulsby (1985) en Gran Bretaña.

Borg y Woodruff (1973), tras examinar muestras de tierra de los parques públicos y de zonas de juego del reino Unido, demostraron que el 23% estaban contaminadas por huevos de Toxocara spp.

Según Brunello y col (1986) en la mayoría de las ciudades italianas, así como en aquellos paises en los que no existen restricciones a la presencia de perros en zonas públicas, la frecuencia de detección en el suero de anticuerpos específicos contra larvas de T. canis puede llegar a alcanzar el 4%.

En España la situación, como era de esperar dado nuestro abandono con respecto a la atención médico veterinaria preventiva en el perro/gato, es aún más preocupante. Como ejemplos valga señalar:

AUTORES - AÑO POBLACION % T. CANIS % T. LEONINA % TOTAL TOXOCARAS

Gallego y col 1952

Jimenez 1959

Gonzalez col 1962

Cordero col 1974

Navarrete col 1982

Ares y col 1983

Illescas y col 1983

Valladarescol 1985

Reina y col 1987

Vasallo y col 1988

Barcelona

Madrid

Navarra

León

Córdoba

Galicia

Granada

Tenerife

Cáceres

Madrid

56'58

21'20

32'80

40

14'70

16'40

2'90

6'80

46'50

3'30

-

-

10

-

8'2

0'55

25'70

12'40

31'50

3'60

56'58

21'20

42'80

40

22'90

16'95

28'60

19'20

78

6'90

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que todos los perros/gatos han sufrido parasitemia por toxocaras, aunque no todos necesariamente hayan presentado manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Otro dato a recordar es que la parasitación es mucho más frecuente en cachorros de do a seis meses.

Además de la prevalencia de la infectación prenatal de los cachorros, el parásito presenta dos características que aumenta el riesgo para la salud pública:

Toxocariosis en carnívoros domésticos

El ciclo evolutivo de Toxocara canis y leonina está bien descrito por Buenaventura (1973) y bien resumido por Prats (1991).

1.- Contagio oral

Los vermes adultos, ubicados en el intestino delgado del hospedador definitivo, ponen huevos fecundados que son eliminados al medio ambiente junto con las heces.

En pocos días, dependiendo de la especie y condiciones ambientales, embrionan a larva I y mudan a larva II infectante.

La estructura de la cáscara del huevo con varias capas, la externa albuminosa, otras tres quitinosas, otra fibrilar e internamente la capa lipoidea, condiciona una fuerte resistencia frente a las agresiones del medio exterior, en cualquier fase del desarrollo. Toleran perfectamente el frío y en condiciones óptimas de humedad y temperatura pueden conservar su vitalidad durante meses. La luz solar intensa, la desecación y las temperaturas superiores destruyen los huevos en pocos minutos.

Al ser ingeridos los huevos, conteniedo larvas II infectantes, por un posible hospedador, se disuelve su cubierta por acción de las enzimas digestivas, quedando libres las larvas II en el intestino.

La migración hemopulmonar de las larvas atravesando la mucosa intestinal y pasando por hígado y pulmón, desde donde son espectoradas y deglutidas de nuevo hasta el intestino, es típica de T. canis en perros jóvenes.

Tal migración corporal no ocurre, excepto en infectaciones masivas, con T. leonina, que sufre las diversas mudas en la misma pared intestinal.

En los perros adultos, las larvas II de T. canis migran hacia diversos tejidos somáticos (músculos esqueléticos, hígado, riñón), donde quedan encapsuladas y latentes y forman granulomas ascaridiales. La progresión de las larvas por vía hemopulmonar hacia el intestino para transformarse en vermes adultos, es rara en perros de edad.

La infectación oral puede hacerse de forma directa por ingestión de huevos embrionados (heces, tierra, objetos al lamer, etc); o bien indirecta, con la intervención de un hospedador intermediario, que actuan únicamente de vectores, como ratón, cucaracha, lombrices de tierra, caracoles, etc.

2.- Infectación intrauterina prenatal

Las larvas II, encapsuladas, latentes en los tejidos corporales de la perra adulta, despues de los 40 días de gestación, abandonan su quiescencia, migrando hacia el útero, atravesando la placenta e invaden los tejidos fetales, favorecido por las hormonas.

Al nacimiento, se encuentran ya larvas III de T. canis en los pulmones de los cachorros, existiendo al 9º día postnacimiento vermes adultos inmaduros en el intestino y huevos en las heces a los 23 días.

3.- Infectación lactogénica

La transmisión de larvas por leche materna es otra vía de contagio, común a ambas toxocaras.

Síntomas clínicos

Generalmente sólo se observan trastornos en los cachorros, ya que los adultos adquieren resistencia a las reinfectaciones.

Si la infectación prenatal es muy intensa, pueden morir los cachorros entre las 48 y 72 horas post-parto. Si la infestación es moderada o sobreviven al anterior periodo crítico, a los 18-20 días de edad aparecen anormalidades y se observa distensión abdominal. Con frecuencia hay tos, consecuente con la afección pulmonar.

Entre las 4 y 6 semanas presentan vientre hinchado (panzudos), hay diarrea crónica o intermitente, están delgados, débiles, con piel arrugada, pelo áspero, sin brillo y mal estado general. Las mucosas aparecen pálidas.

El apetito es variado, oscilando entre muy voraz hasta la anorexia. Puede existir vómitos con expulsión de vermes por boca; a veces también por recto. Hay prurito anal, obstrución intestinal y dolor del abdomen a veces asociado con prolapso rectal. Igualmente puede haber síntomas nerviosos de diversa gravedad, consecuente con la toxicidad que los vermes provocan, con debilidad, parexia y parálisis, convulsiones, rigidez muscular, etc. igualmente puede haber peritonitis secundaria a perforación intestinal.

Concomitantemente a la parasitasión por toxocara puede existir otras parasitaciones u otras enfermedades metabólicas, bacterianas o víricas que complican el cuadro patológico enormemente.

Anatomía patológica

En cachorros muy jóvenes, encotramos en la necropsia extensas lesiones hepáticas y pulmonares ocasionadas por la migración de larvas.

En cachorros de más edad, existen enteritis difusa con zonas de hemorragias, pudiendo localizarse los ascaris adultos en la luz del intestino delgado, en estómago y a veces en los conductos biliares.

Diagnóstico

Una buena anannesis e historia clínica, así como un reconocimiento físico pormenorizado nos autoriza a emitir un diagnóstico presuntivo que será fácil asegurar mediante la realización de análisis coprológicos y, si se trata de colectividades, mediante una necropsia reglada.

Tratamiento

Actualmente disponemos de diversas sustancias activas que administradas a las dosis y pautas correctas aseguran la total eliminación de estos ascaris. Citemos como recordatorio:

DROGA DOSIS

Albendazol

Clorhidrato de tetramisol

Diclorvos

Fenbendazol

Ivermectina

Mebendazol

Nitroscanato

Oxibendazol

Piperazina

Pamoato de pyrantel

25 mg/kg oral 3 a 5 días

1 ml al 1%/kg sc (mx 20 ml)

30 mg/kg oral

50 a 100 mg/kg oral 3 días

no determinado

22 mg/kg oral de 3 a 5 días

50 mg/kg/1toma oral

300 mg/kg /1toma oral

100 mg/kg oral, 3 tomas

5 mg/kg oral

Toxocaras humana o larva migrans visceral

La toxocariosis humana afecta principalmente a los niños. Los niños con pica o geofagia constituyen el grupo de mayor riesgo, aunque tambien se han diagnosticado en adultos (Genchi y col, 1987).

Está causada por la migración de larvas de las especies de toxocara en los órganos internos y ojos; por ello la toxocariosis en humana se conoce con el nombre de síndrome de larva migrans visceral (LMV).

Los niños se infectan por la ingestión accidental de huevos de dichos nematodos por:

Los lugares más contaminados por estos huevos suelen ser los jardines, los parques públicos, los terrenos de juego, las aceras de las grandes ciudades y cualquier tipo de suelo muy frecuentado por perros, gatos o personas.

Entre los niños, el colectivo de más riesgo es el comprendido entre el año y medio y los cinco años, precisamente por la manía de conocerlo todo a través de la boca y por la nula apreciación del peligro.

Los huevos ingeridos, liberan las larvas II, que atraviesan la pared intestinal, y migran por la economía orgánica (hígado, pulmón, corazón, cerebro, ojo, músculo, bazo, riñón, etc.).

La reacción defensiva da lugar a la formación de granulomas eosinófilos del tipo Loeffer, con marcada patogenia relacionada con los fenómenos de hipersensibilidad, lo que supone que la sintomatología es mucho más espectacular en las reinfectaciones, con significativa característica alérgica, en ocasiones de pronóstico grave.

La sintomatología clínica de la enfermedad se caracteriza por manifestaciones alérgicas, fiebre intermitente, leucocitosis con eosinofilia, anorexia con pérdida de peso o paro en el crecimiento, dolores musculares, articulares y abdominales, tos, por los infiltrados pulmonares difusos, y signos neurológicos desde leve irritabilidad a manifestaciones serias, como poliomielitis y epilepsia. En ocasiones puede ocurrir hepatomegalia y/o esplenomegalia con desenlace fatal.

La localización ocular es más frecuente en el segmento anterior del ojo, presentando dos formas clínicas. La de mayor incidencia está originada por la aparición de un absceso eosinofílico, que puede llegar a provocar el desprendimiento total de la retina, con la formación de abundante exudado vitreo (uveitis y coroidoretinitis); la otra manifestación oftálmica es un tumor fibroso localizado o psudoglima.

Si bien la mayoría de las veces la enfermedad evoluciona hacia la curación, al encapsularse las larvas y morir en el plazo de semanas o meses, no se debe menospreciar, ya que en ocasiones el sídrome de LMV es de pronóstico grave y puede terminar con el resultado de muerte en ciertos pacientes.

Histologicamente el típico granuloma por toxocaras se describe como un núcleo que lo constituye la larva, que está rodeada de leucocitos eosinófilos en desintegración y tejido conjuntivo con alteración fibrinoide intensa, con un halo periférico de células epitelioides y macrófagos.

Profilaxis

Básicamente la prevención contra la larva migrans visceral se podría resumir en tres actuaciones básicas:

  1. Control de perros y gatos vagabundos.
  2. Exigencia de desparasitaciones periódicas de los perros con propietarios.
  3. Educación sanitaria de la población.

Control de animales vagabundos

Con referencia al primer punto, está claro que el control de perros/gatos vagabundos es competencia de los respectivos ayuntamientos que deberán contar con instalaciones adecuadas para el secuestro, observación, eutanasia y cremación de estos animales perdidos o abandonados, ya que supone un grave riesgo sanitario por esta y otras enfermedades zonósicas.

La obligatoriedad de que los animales de compañía estén identificados individualmente será una buena medida de vigilancia para hacer cumplir los planes profilácticos que se fijen y exigir responsabilidades a propietarios irrespetuosos.

Desparasitación periódica

La desparasitación periódica de animales con propietarios dependerá del colectivo que se contemple. El veterinario habrá de vigilar el cumplimiento de medidas sanitarias en perreras/gateras, parques de protección animal, criaderos, tiendas de perros/gatos y en animales que viven, individualmente o en grupos, en domicilios particulares.

Todas las medidas preventivas referentes a los alojamientos, utensilios, higiene y alimentación deberán ir pensadas para evitar el contagio.

Aunque las desparasitasiones ideales deberían ser consecuencia de repetidos análisis coprológicos, es posible adoptar programas de desparasitación general que podría ser:

Es imprescindible que cada programa específico de desparasitación sea dirigido en cuanto a producto, dosis, y pauta de administración por un veterinario clínico, que es el único profesional que puede garantizar que este acto se haga sin riesgo para las personas ni para el propio animal.

Educación sanitaria

La educación sanitaria de la población, que incluye a dueños de perros y gatos y personas que aparentemente no tienen ninguna relación con estos animales, es fundamental. Los veterinarios no nos cansaremos de insistir en aspectos epidemiológicos que repercuten en la prevención de la enfermedad. La educación debe ir dirigida de forma muy especial a padres, profesores y niños y, como no, a los dueños de los perros, que son los que, junto a las autoridades, pueden reducir al máximo la incidencia de LMV.

La prohibición de que los animales defequen en los parques públicos, jardines, guarderías, playas y aceras pasa por tres medidas básicas:

  1. Crear conciencia cívica y de educación ciudadana.
  2. Colocar suficientes y estratégicos lugares o dispositivos (pipi-cans) para cubrir las necesidades fisiológicas de los animales.
  3. Aplicar las medidas sancionadoras a los propietarios de animales que incumplen las normas de prevención sanitaria.

Conclusiones

Con la colaboración de todos podremos conseguir el objetivo de que la ascaridiosis canina/felina deje de ser una zoonósis.

Es nuestra obligación como sanitarios preventivos, sobre todo, dar una información y formación clara, rigurosa y carente de alarmismo, pues se ha de recordar que los animales bajo la tutela de propietarios concienciados y responsables nos aportan beneficios considerables, sobre todo a los sectores más necesitados de relación, niños, ancianos, enfermos, como está suficientemente demostrado por gran cantidad de estudios sociológicos, pedagógicos, o psicológicos y nuestra sociedad avanzada podrá enorgullecerse de evitar, precisamente por sus conocimientos, los posibles inconvenientes, para que los animales de compañía sean precisamente eso y podamos sacar el máximo beneficio.

Bibliografía

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