La rabia de los carnivoros domésticos: aspectos practicos a considerar*

 

Andrés J. Flores Alés

Hospital Centro Policlínico Veterinario Málaga

 

(* Publicado en las revistas "Nuestros Perros", nº 3, abril 1991 y "Animalia", Año IV, nº 25, pág 26-32, 1991).

 

Introducción

A pesar de la cada vez más importante incidencia de las llamadas rabia salvaje y rabia en murciélagos, no podemos olvidar que la rabia callejera, urbana o de ciudad, sinónimo para algunos de rabia canina, existe todavía en un gran número de países y es la causa de más del 99% de todos los casos de rabia humana registrados y de más del 90% de todos los tratamientos postexposición.

Tampoco se debe ignorar que cada vez con más frecuencia, en ciertos países, el número de gatos rabiosos excede al de perros rabiosos. Así pues, consideramos que los animales de compañía con más riesgo de padecer rabia son el gato y el perro y son indudablemente estos carnívoros los que actúan como puente de enlace entre la rabia de los animales salvajes y el hombre, por lo que se justifica le título de nuestro artículo y el énfasis en ciertos aspectos de la enfermedad, clínica y profilaxis primordialmente, sin que el hecho de comentar de pasada o incluso ignorar algunos aspectos de la misma, implique necesariamente que no los consideremos igualmente relevantes.

El objetivo es de simple recordatorio para lograr la prevención de la exposición humana a la rabia que, aunque a continuación desarrollaremos, se pueden resumir en cuatro líneas básicas:

  1. Educación de la población.
  2. Programa de inmunización.
  3. Eliminación de animales domésticos sin dueño.
  4. Control de la vida salvaje.

Definición

Enfermedad vírica infectocontagiosa con sintomatología clínica de endefalomielitis aguda con terminación mortal.

Animales afectados

Animales de sangre caliente: todos los mamíferos y las aves coprófagas.

Etiología

Virus del grupo Lysavirus de la familia de los Rhabdovirus, clasificación en cuatro serotipos atendiendo a sus diferentes antígenos.

1.- Clásico, cepa CVS (el aislado por Pasteur, 1881-85):

    1. Virus calle (aislado de animales sin modificación en el laboratorio).
    2. Virus fijo (adaptado a animales de laboratorio mediante sucesivos pases intracerebrales).

2.- Lagos, cepa LBV (aislado en murciélagos de Nigeria).

3.- Mokoia, cepa MOK (aislado de las musarañas africanas, casos

humanos, gatos y perros).

4.- Duvenhage (aislado de culicoides, caballo de Nigeria, mosquito

Monsonia de Sudán).

Cultivo

Intracerebralmente en conejo, hamster, ratón blanco, cobaya, rata, oveja y cabra; en embrión de pollo y pato; en células renales de hamster, perro, cerdo, criceto, bovino y ovino; y en células diploides humanas.

Distribución

En todos los continentes, aunque hay países concretos en los que por su aislamiento geográfico hace años que no se presenta, citando como ejemplos Japón, Jamaica, Guayanos, etc. También es el caso de Reino Unido y de Australia.

En Africa destaca Argelia y la Unión Sudafricana. En América, Brasil y México, y en Asia, Indonesia.

La incidencia en Europa sigue en aumento, ya que tan sólo en el primer trimestre de 1989 se informó de 6.269 casos, 42'7% más que en el primer trimestre de 1 988, destacando como países más afectados Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Alemania, Francia, Yugoslavia e Italia.

Por lo que respecta a España aún podemos hablar con ancianos que relatan experiencias personales con perros rabiosos, pues nuestro país padeció el castigo de esta enfermedad de forma endémica hasta hace tan sólo 25 años, declarándose oficialmente extinguida en 1966, con un largo paréntesis epizootiológico de nueve años, ya que todos nosotros recordamos el foco que se inició en Málaga en Mayo de 1975 y que también afectó a Granada y Madrid, hasta noviembre de 1977, ocasionando dos muertes humanas y gran número de fallecimientos en animales, tanto domésticos como salvajes.

Los casos esporádicos desde 1982 a 1989 en Ceuta y Melilla, y los casos de 1987 en Granada y Valencia, en que fueron positivos murciélagos insectívoros, nos hace afirmar que en la España continental no se han detectado casos de rabia desde el 21 de septiembre de 1987. Pero la media de 6 casos anuales en Ceuta y Melilla con 17 casos en 1985, 4 en 1988 y el último caso detectado en diciembre de 1990 es un aviso de alerta permanente.

Estas consideraciones y el conocimiento de que la rabia llamada salvaje avanza en Europa a razón de 40 Km/año, a pesar de todas las medidas que intentan evitarlo, junto a situación qeográfica delicada por la posibilidad penetración, tanto a través de los Pirineos como a través del Estrecho, o lo que es lo mismo, rabia salvaje de Europa y rabia callejera de Africa, es lo que nos obliga, a los veterinarios y a los propietarios de perros/gatos a estar en alerta permanentemente.

Los datos facilitados por el Centro Antirrábico de la Delegación de Salud y Consumo de Málaga, correspondientes al año 1989 nos indican la no existencia de rabia en Málaga, habiéndose producido 1.51 1 agresiones denunciadas de perros, gatos y otros animales, de los que se han sometido a observación 1 1 65, capturados y sacrificados 2.1 34 perros y 592 gatos y no localizados 272 animales. Fueron analizados el cerebro de 32 perros, 24 gatos y 17 de varias especies, incluidos murciélagos. Se vacunaron 56.640 perros y 442 gatos y fueron sometidos a tratamiento preventivo antirrábico 1 38 personas.

Estos datos, insistimos son los oficiales y de su estudio sobran comentarios, pero valga recordar la población real de perros y gatos de la provincia de Málaga y las muchas mordeduras que no son denunciadas.

Aspectos clínicos

Clínicamente podemos definir a la rabia como una poliencefalomielitis multifocal con infiltración perivascular, de lo que se puede deducir los síntomas encefalomielíticos que produce.

La transmisión de la rabia es generalmente vía percutánea y a través de la saliva contaminada de un animal rabioso, bien por mordedura o simplemente por lamido. No obstante las vías aerógena, oral y placentaria tiene también su importancia, sobre todo la vía respiratoria.

El período de incubación es extremadamente variable y depende de la cantidad de virus inoculado y del sitio de inoculación. Ovejero (1987) los sitúa entre 10 días y más de dos meses y Farrow (1989) entre los 1 2 días y hasta un año.

El curso clínico de la enfermedad, desde la aparición de los síntomas hasta la muerte, es de 3 a 8 días (Chirsman, 1986), de 15 a 25 días (Farrow, 1989) y de 9 a 51 días (Quesemberry, 1988), aunque en general se admite un período de incubaci6n medio de 1 5 días para los perros y de 1 8 días para los gatos, lo que depende lógicamente del grado de inmunización.

El virus, desde la puerta de entrada, avanza hacia el sistema nervioso central, a un ritmo de 3 mm. por hora, por migración centrípeta ascendente, a través de los nervios. Desde el SNC se disemina a toda la economía orgánica, teniendo un tropismo manifiesto por las glándulas salivares.

Clásicamente, y a efectos didácticos, se ha explicado la sintomatología clínica presentándola en dos formas, la rabia furiosa y la rabia paralítica, o llamadas de otra manera, fase de excitación y fase silenciosa o muda.

La exteriorización de la enfermedad suele iniciarse con un síndrome prodrómico manifestado por un drástico cambio en el comportamiento habitual, volviéndose agresivo si era amigable y exageradamente afectuoso y juguetón si era un perro/gato reservado, seco o tímido de carácter, está deprimido, anoréxico, deambula con torpeza, se esconde, se irrita con estímulos leves, tiene prurito intenso, que le obliga a rascarse y morderse, muestra satirismo, pica, coprofagia, y puede haber ligera hipertermia. Un dato significativo en gran número de perros en esta fase inicial (Mañas, comunicación personal) es la particularidad de que los perros machos adultos no levantan la pata para orinar.

Esta primera fase puede durar entre 1 y 2 días y en la mayoría de las veces pasa desapercibida. La siguiente fase, de excitación o furiosa, se caracteriza por la agresión e hiperactividad, con o sin pérdida de coordinación motora, temblores musculares y fasciculaciones, dilatación pupilar, conjuntivitis, prolapso de la membrana del tercer párpado, parálisis laringofaríngea con sialorrea, ptosis mandibular y modificación de la voz, así como otros síntomas de trastornos de los nervios craneales y del tallo cerebral. Si está en libertad, corre sin destino, por su estado de demencia, y muerde todo lo que se interpone en su camino. Si está enjaulado muerde con furia cualquier clase de objeto, sin sentir dolor al herirse las encías y fracturarse los dientes. Normalmente esta fase dura de 2 a 6 días hasta que progresa al estadio paralítico.

Esta forma de rabia muda se asocia con signos de parálisis de neurona motora inferior progresiva, afectándose las neuronas de los núcleos de los nervios craneales. La parálisis de los músculos facial y masetero no permite la ingestión ni de alimento ni de agua y cambia la expresión facial. Puede haber bizquera y anisocoria, ausencia de vocalización y parálisis progresiva de los miembros, generalmente flácida. El desenlace es fatal, produciendo la muerte por parálisis respiratoria y coma.

Esta descripción es, repetimos, artificial y lo que debe quedar claro es que en la sintomatología de la rabia siempre existe cambios en el comportamiento, y pueden presentarse signos neurológicos de cualquier clase.

Diagnóstico

El diagnóstico clínico puede ser pues presuntivo pero nunca definitivo, al tener

que realizar diagnóstico diferencial con un gran número de enfermedades posibles que igualmente cursan con sinos de encefalitis.

Los análisis de sangre y el estudio del EEG (electroencefalograma) no ayudan, por lo que deben ser los análisis del LCR (líquido cefaloraquídeo), frotis citológicos corneales, de la mucosa nasal, y biopsias de piel, las que, estudiadas por pruebas de anticuerpos fluorescentes o tras su inoculación a ratones pueden aportar un diagnóstico sobre el animal o la persona en vivo. No obstante el diagnóstico se efectúa rutinariamente tras la muerte del animal.

No es válida la necropsia, aunque el descubrimiento de algunas lesiones microscópicas nos orienten, siendo lo único definitivo el diagnóstico laboratorial, en cuya descripción no entramos y tan sólo clasificamos.

Diagnósticotico histopatológico

Diagnósstico basado en reacciones

Diaqnóssticos biológicos

Otros métodos

Profilaxis sanitaria

La profilaxis de la rabia, por ser una enfermedad zoonósica con resultado de muerte, es distinta según se trata de un país indemne o infectado.

España entraría, por ahora, dentro del primer grupo y nuestra legislación es muy completa, siendo los Ministerios de Agricultura, Pesca y Alimentación y el de Sanidad y Consumo los que se encargan del tema.

En España continental, actualmente inmune, serían suficientes estas medidas:

1 - Control riguroso de la importación de animales de países afectados que deben incluir la siguiente documentación:

2 - Censado de perros y gatos por municipios con tasas justas sin carácter fiscal.

3 - Obligatoriedad de vacunación para perros y gatos a partid de los tres meses de edad, avalada con certificado de veterinario en cartilla sanitaria oficial.

4 - Fuertes multas a quienes incumplan la reglamentación sanitario (por no vacunar, por abandono de animales).

5 - Control de la población salvaje, sobre todo en las fronteras con países afectados.

6 - Observación veterinaria de animales agresores.

Dada la importancia del tema que estamos tratando no puede faltar, por ser la base del éxito, intensas campanas de educación pública a todos los niveles (colegios, asociaciones de cazadores, ganaderos, criaderos y propietarios de perros y gatos, en general) impartidas por veterinarios y utilizando todos los medios de comunicación social disponibles:

Ello deberá ir de la mano de la prevención médica, que debe ser de ejecución obligatoria por cada propietario, pero con libertad de escoger a cualquier veterinario clínico. Este punto tiene especial importancia, ya que si la población participa en la planificación y ejecución de las campañas, se pueden llegar a alcanzar tasas de vacunación por encima del 80% (OMS, 1988).

Observación clínica

De la lectura de la legislación actual se desprende nuestra actuación en los casos sospechosos de poder padecer rabia, que en principio son todos los perros/gatos que arañen, muerdan o ataquen a una persona u otro animal.

Nosotros distinguiremos entre animales con la vacunación en vigor y no vacunados.

A los primeros se les puede realizar la observación, llamada a domicilio, con confinamiento a cargo del dueño y paseos con sujeción mediante correas, para prevenir la huido y permitir la observación, que se hará durante un período de 1,4 días con, al menos, tres reconocimientos clínicos, insistiendo mucho en la comunicación inmediata de cualquier anomalía de carácter o rareza y, mucho más, si el animal muriera, por ejemplo en accidente, ya que debe ser necropsiado. El asesoramiento al dueño debe ser claro por las responsabilidades legales que pueden comportar.

Los animales no vacunados por sus propietarios o sin propietario conocido (vagabundos o asilvestrados) deberán ser capturados y encerrados en jaulas seguras que a la vez reúnan condiciones higiénico-sanitarías. Igualmente, durante 14 días, se realizará la observación clínico veterinaria, por si aparecieran síntomas clínicos de rabia, momento en el que se podrá esperar que la enfermedad progrese hasta su terminación en muerte, o bien se podrá realizar su eutanasia; remitir la cabeza a un laboratorio oficial de referencia.

Si se trata de un perro del que exista suficiente información para sospechar que no tiene dueño y la posibilidad de rabia sea real o las circunstancias así lo aconsejen, (por ejemplo perro capturado a los 5 días o más, después de haber mordido a una persona) se podrá realizar eutanasia inmediata (aunque, al menos creemos que 48 horas de espera sería lo adecuado para salvar responsabilidades Legales) y remitir su cabeza al laboratorio. rata y adecuada para la prevención de la rabia, siempre que cubra, al menos, el 70% de la población.

El hecho de esperar a la aparición de los signos clínicos se fundamenta en que lós corpúsculos de Negri no se detectan hasta ese momento, pero hoy día con la técnica de inmunofluoresceina, esa espera no es necesaria.

Profilaxis médica

La vacunación antirrábica es la medida de profilaxis médica más barata y adecuada para la prevención de la rabia, siempre que cubra, al menos, el 70% de la población.

En España este objetivo no se ha cumplido jamás, pues hasta 1987 el

máximo de perros vacunados ha sido de un 43% de los perros censaen que los corpúsculos de Negri no dos, y este tanto por ciento bajaría si se detectan hasta ese momento, pero se pudiera referir a la población canina total (censada y no censada), a pesar de considerarse obligatoria la vacunación en perros. El problema se agrava con la triste realidad de que al gato la legislación no le obliga a estar vacunado, a pesar de estar demostrado que su papel como transmisor intermediario entre la rabia salvaje y el hombre, es cada día más relevante.

Los tipos de vacunas podemos clasificarlos en modificadas e inactivadas. Dentro de las primeras citamos las cepas Flury, LEP, HEP, Keiev, SAD, ERA y Vnukovo -32 y 37; y entre las-segundas, las replicadas in vivo, como CVS, PV-] 1, Fluri, LEP, BHK-21, VERO, WI -26, WI-38 y MRC-5.

Las vacunas actuales pueden ser administradas por vio subcutánea intramuscular, dependiendo de la clase de va<;una. En general se puede definir como la administración de un antígeno rábico capaz de conferir al animal una resistencia posterior frente a la rabia.

En nuestro país las vacunas aplicadas actualmente son inactivadas, con obligatoriedad para los perros a partir de los tres meses de edad y revacunación anual, y voluntarias para los gatos.

Nosotros, como veterinarios con doble faceta de veladores de la salud pública y de clínicos prácticos, recomendamos la vacunación tanto de perros como de gatos, a partir de los tres meses de edad.

Profilaxis post-exposición de la rabia en el hombre

La decisión de iniciar un tratamiento antirrábico o no, está claro que le corresponde tomarla al médico, pero nosotros como veterinarios podemos asesorar en cada caso concreto, máxime cuando la persona afectada acude habitualmente al veterinario antes que al médico.

Los cinco factores a determinar son:

  1. Presencia de rabia en la zona de donde procede el animal.
  2. Naturaleza de la exposición.
  3. Especie a la que pertenece el animal.
  4. Estado clínico del animal.
  5. Disponibilidad del animal para observación o para análisis de laboratorio.

La naturaleza de la exposición podríamos dividirlos en mordeduras y no mordeduras pero es más exacta la clasificación de los tres tipos de contactos:

En España decidir sí tratar o no inmediatamente es especialmente delicado, dado que actualmente estamos libres de rabia pero nunca se sabe cuándo habrá un rebrote, por ello el comenzar o no la vacunación se planteará tras analizar primero si el animal agresor es salvaje, un murciélago o doméstico (perro, gato, hanster, etc).

Con respecto a los puntos 3 a 5 si es un animal salvaje debe capturarse al animal y enviarlo muerto al laboratorio, procurando que su captura no implique riesgo de nuevas mordeduras y así mismo ha de evitarse durante su caza dañar la cabeza.

Si es un murciélago se comenzará el tratamiento después de la exposición de forma inmediata, siendo deseable capturarlo, clasificarlo y enviarlo al laboratorio. No existe periodo de observación como criterio aplicable para suspender la vacuna.

Si el animal es doméstico y está localizable deberá ser observado durante 14 días por un veterinario, bien en el domicilio del dueño o bien en dependencias municipales, siendo importante la anannesis en lo referente a las circunstancias en que ocurrió la agresión, comportamiento habitual del animal y si está o no vacunado. Si el animal muriera durante ese periodo habrá de investigarse la causa de su muerte y mandarse al laboratorio la cabeza para confirmar o descartar la infección de virus rábico.

Si el animal está ilocalizable se actuará valorando el riesgo según los datos aportados por el afectado y la situación epizootiológica real.

En general, en las mordeduras de murciélago, o de animales sobre los que no se pueda investigar, máxime si ocurrió en Ceuta o Melilla, se debe iniciar el tratamiento. Si se puede investigar sobre el animal agresor, bien vivo o muerto, la decisión de comenzar o no el tratamiento se aplazará hasta conocer los resultados de la observación clínica del animal o los análisis del laboratorio. Si se tomó la decisión de iniciar el tratamiento postexposición de forma inmediata a la mordedura, este se puede interrumpir al 72 día si el animal ha permanecido sano o si el análisis del laboratorio resulta negativo.

En cualquier caso las heridas deben tratarse siempre de urgencia como medida profiláctica curativa de primeros auxilios locales. Un lavado copioso y prolongado (3-4 minutos) con agua y jabón es tan fácil como eficaz; a continuación se aplicará desinfección de alcohol, tintura o soluciones yodadas o compuestos de amonio cuaternario, recordando que aunque la herida fuera profunda su sutura primaria está contraindicado.

Tras esa primera y elemental cura se debe realizar una valoración técnica por parte del médico que a su criterio posiblemente adopte medidas antitetánicas y aplicación de antibióticos o de otros medicamentos en prevención de otras infecciones.

El tratamiento médico específico a personas sospechosas o confirmadas de contacto con un animal rabioso se hace mediante aplicación simultánea de vacuna (A) y de inmunoglabulina (B) humana antirrábica.

A) La vacuna será de células diploides humanas, administrada vía IM, en región deltoidea (adultos) o en región antero-lateral del muslo (niños) y nunca en la región glutea. La pauta de vacunación recomendada es cuatro dosis, de 1 cc cada una, aplicadas dos el día 0, la tercera el día 7 y la cuarta el día 21.

La primera dosis de vacuna debe ser doblada o triplicado cuando la inmunoglobulina antirrábica se haya administrado antes que la vacuna y siempre en los supuestos siguientes:

La vacuna induce una inmunidad que comienza a los 7-10 días y persiste aproximadamente durante un año.

B) La inmunoglobulina antirrábica humana (IGHA) se administrará en dosis cínica a razón de 20 UI/kg de peso al mismo tiempo que la primera dosis de vacuna antirrábica, e infiltrando una fracción de la dosis instalándola dentro de la herida o infiltrándola alrededor de ella y el resto inyectada IM.

La IGHA suministra una rápida protección pero con una persistencia muy corta, alrededor de 21 días.

Profilaxis pre-esxposición en el hombre

Las personas con alto riesgo deberíamos estar vacunados contra esta enfermedad y somos los veterinarios, los que con otros colectivos debemos plantearnos esta profilaxis en el momento en que la enfermedad reaparezca en España.

La inmunización se realizará con vacunas de células diploides humanas en 3 inyecciones IM en deltoides, de 1cc cada dosis, los días 0, 7 y 28, con dosis de recuerdo cada 3 años o hasta que haya anticuerpos demostrables.

Legislación

Con respecto a la legislación española que se ocupa de esta enfermedad la más reciente es la ya citada Orden de 25.06.87 (BOJA nº 57), que es la última aparecida, pero con anterioridad a ella se publicaron las siguientes:

Policía Municipal

Ministerio de Agricultura, Dirección General de Ganadería

Ministerio de la Gobernación

Ministerio de Agricultura, Dirección General de la Producción Agraria y Ministerio de Sanidad y Seguridad Social, Dirección General de la Salud Pública

Además existen tres recientes leyes en tres comunidades autónomas españolas que también lo contemplan:

Resumen

Desgraciadamente la rabia no es una zoonosis que haya pasado a la historia, muy por el contrario aún sigue siendo un grave problema sanitario en Europa.

La situación en España resulta preocupante teniendo en cuenta que en Francia, la rabia ya ha superado el río Loira y en el vecino Marruecos se encuentra de forma endémica.

El último informe de la Comisión del Medio Ambiente, Salud Pública y Protección del Consumidor, fechado el 3 de mayo de 1990, remitido a la Comisión de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural del Parlamento Europeo, fija un objetivo muy optimista: erradicar la rabia de Europa para 1 992. Para ellos se exige que todos los perros de la Comunidad estén identificados de modo permanente (tatuaje o microchip) y que se lleve un registro obligatorio que incluya detalles de las vacunas del perro y el nombre y la dirección de los propietarios.

Mantener nuestro estatus de zona libre de rabia y ayudar a conseguir la erradicación en otros países, exige mantenerse en guardia, por el bien de todos, para lo cual la estrecha colaboración entre los veterinarios y cada poseedor de perro/gato es fundamental.

Bibliografía