Algunos comentarios sobre nuestros podencos*
Hospital Centro Policlínico Veterinario Málaga
(*Publicado en la revista Federcaza, nº 95, noviembre 1993, pág 92-95).
Introducción.
Podenco Ibérico, Español y Andaluz son tres denominaciones para el mismo grupo de perros podencos peninsulares, con características funcionales y morfológicas bien definidas, diferentes de los podencos insulares (Ibicenco y Canario), así como de otro grupo de perros extranjeros de tipo podenco (Portugues, Cirneco dell'Etna).
Cualquier cazador sabe lo que es un "podenco del terreno", no en vano lleva años seleccionando empíricamente: de forma general lo definiría como un perro autóctono de orejas erguidas y que caza, dándole a esta actividad el más amplio sentido.
Por eso a muchos les ha pillado desprevenido la polémica sobre nuestros podencos y se encuentran en un mar de confusiones. Es el momento de aclarar conceptos y tal vez este artículo pueda contribuir a ello.
La clasificación didáctica que en 1982 diera el conocido cinófilo D. Raúl García Bengoechea sobre el Podenco Ibérico autóctono español, dentro del I Symposium Nacional de Razas Caninas Españolas, en su ponencia titulada "El podenco Ibérico" refleja con detalles lo ya descrito en sus artículos "Generalidades sobre el Podenco", "El Podenco Ibérico Medio" y el "Podenco Ibérico Sedeño", publicados en la revista Caza y Pesca en 1961. Para el aficionado la lectura de estos trabajos ayuda a situarle en la realidad de nuestros podencos. Sin quitar el indudable mérito de dicha clasificación, faltan datos científicos que corroboren esa división del Podenco en tres tipos, atendiendo a la talla (pequeña, mediana y grande) con tres variedades de pelo (corto, duro y largo).
Como afirma mi maestro, el Profesor Doctor Veterinario D. Juan B. Aparicio Macarro, "El estudio biométrico y funcional acredita la raza, esa es su esencia". Según este criterio tan sólo dos razas de nuestros podencos de Andalucía se han estudiado en profundidad: el Podenco Ibérico tipo rehala y el Podenco Andaluz Malagueño.
Primer trabajo.
El primer trabajo trabajo científico sobre el Podenco tipo rehala fue publicado en 1961 por Garrido Pérez con el título "Aportación al estudio del Podenco Español o Andaluz tipo para rehala". A este podenco cordobés hace referencia Zarazá Ortiz en su libro Canicultura, publicado en 1963. Despues de 19 años un segundo estudio sobre este podenco utilizado para caza mayor fue presentado en el I Symposium, por Millán Tranadas y col. con el título "Algunas puntualizaciones sobre un proyecto de standard de la raza Podenco Ibérico".
El primer estudio con categoría científica sobre otro tipo de podenco, podenco conejero, fue el titulado "Contribución al estudio de algunos caracteres fanerópticos y zoométricos del perro Podenco Ibérico Andaluz Malagueño", firmado, expuesto y defendido en el mismo Symposium por García Martínez, Aranda Casas y yo mismo.
Con esta línea de investigación quedó definida la realidad de dos razas de podencos andaluces, pero bien diferenciadas; así lo entendió Salas Melero cuando escribió en la revista canina Guau su crónica del Symposium:
"Dentro de las muchas variantes en distintas áreas geográficas de Andalucía hay dos sobre las que se ha trabajado profundamente, una es el Podenco Andaluz Campanero, verdadera joya de nuestra población canina, perro completo, cazador incomparable, tanto en mano como en montería, fuerte, noble, valiente, excelente guardián, con el prototipo racial hecho y a la espera de su oficialidad para sorprender a propios y extraños; otro es el Podenco Malagueño, estudiado de una forma seria sobre una muestra de medio centenar de individuos de varios términos municipales diferentes y ninguno de ellos en jauría. Estudios de este tipo ayudarán a encuadrar esta belleza exuberante que son los Podencos". Ilustra estas palabras con una foto de Podenco Campanero y otra de Podenco Malagueño.
Clasificación.
Siguiendo con la clasificación, los autores Yordana, Sánchez y Piedrafita, de la Unidad de Mejora Genética Animal de la Facultad de Veterinaria de Barcelona, publican en 1990, en el nº 89 de la revista ONE, un trabajo de investigación sobre los orígenes y clasificación de los cánidos españoles. Con referencia al Podenco Ibérico afirma:
"Se le conoce tambien con los nombres de Podenco Español, Podenco Andaluz, Podenco Ibérico Andaluz Malagueño y Campanero. Según Gómez-Toldrá (1985) el Podenco Ibérico llegó a Málaga por el Mediterráneo y a partir de aquí se extendió por toda la península. Posteriormente se debió cruzar con perros de gran envergadura -probablemente mastines ligeros- para llegar a adquirir un esqueleto salgo más pesado. Scheneider-Leyer (1965) describe a l Podenco Ibérico como un perro de 62 cm. a la cruz, procedente de cruces del Podenco de la Campana con cruces del Podenco (¿Ibicenco?) y Mastín. Giber-Buch (1970), citado por García, Aranda y Flores (1982), entienden por Podenco Ibérico un perro de 50 cm. de alzada que procede de cruces entre perros baleares, perros pastores peninsulares y una gran variedad de cruces, por lo que presenta amplio número de capas, si bien predominan los colores blanco, rojo y leonado. Según Muñoz Seca (1970), el Podenco Ibérico es un producto reciente, conseguido mediante cruzamiento del Podenco Rondeño -Ronda es una localidad serrana de la provincia de Málaga-, autóctono andaluz con Podenco Ibicenco. La misma opinión manifiesta Garcia, Aranda y Flores".
Despues del primer Symposium, en el nº 3, noviembre-diciembre de 1984 de la revista Rehala, se continua la investigación sobre el Podenco Andaluz tipo para Rehala con el estudio de 101 perros muestreados en Jaén, Córdoba y Sevilla, trabajo titulado "El Podenco Andaluz, descripción morfoestuctural", firmado por Fuentes García y Herrera García.
Ya muy recientemente, en 1992, y dentro del II Symposium, hempos presentado una segunda comunicación "Aportación al estudio de algunos caracteres fanerópticos y zoométricos del Podenco Malagueño". Este trabajo sigue la línea de investigación iniciada en 1982, ampliándolo y profundizándolo con una muestra de 120 ejemplares fotografiados y medidos. El trabajo está estructurado en introducción, material y método y bibliografía. A igual que en el primero se han contrastado siete caracteres fanerópticos y distintas medidas zoométricas: cuatro alzadas, siete diámetros, tres perímetros y tras índices; lo que nos situa en condiciones adecuadas de poder describir el patrón racial del Podenco Malagueño, la raza más estudiada junto con el Podenco Andaluz tipo para rehala. A los datos técnicos acompañamos una extensa ilustración fotográfica que en forma de comunicación tipo poster y proyección de diapositivas demostró claramente la existencia de esta raza en Málaga.
Otra comunicación sobre el podenco titulada: "Descripción etnológica del Podenco Andaluz de sus diversas tallas" y firmada por Herrera y col. fue seguida con igual entusiasmo.
Mesa redonda.
Ambas aportaciones se continuaron con una mesa redonda de cuyas conclusiones no hubo ningún traslado a los organismos que en teoría deberían estar interesados en ella y es que , al parecer, el proyecto del standard del Podenco Andaluz ya se había redactado y presentado a la Real Sociedad Central de Fomento de las Razas Caninas en España.
Muchas pegas y matizaciones se podrían objetar a este proyecto de standard, pero valga como muestra un botón: el color de la trufa. Se ignoran una vez más todos los estudios serios y científicos sobre la población de podencos cazadores y se parte de unos criterios preestablecidos en función de no se sabe qué objetivos. Se argumenta que la elección del color carne de la trufa es reflejo de las concentraciones organizadas por la Real Sociedad Canina y por entidades afines a ella; lo que no se dice al aficionado y al cazador es que en las concentraciones de "podencos" realizadas en 1986 en Los Barrios (Cádiz) y en Carmona (Sevilla) se seleccionó por criterios preestablecidos entre los que estaban el descalificar como podenco puro al que presentaba trufa negra.
En el mencionado trabajo de Herrera y col. (1992) se estudió una muestra de 178 perros, el 50% de la provincia de Sevilla y el resto de Huelva, Cádiz y Córdoba, lamentablemente no se especifica cómo se realizó el muestreo pero es sospechoso que "todos" los podencos fueran de trufa color carne; esto nos lleva a suponer que se partió de unos criterios predefinidos y se eliminó a priori ejemplares de trufa de otro color. Los datos al respecto de García Flores y Aranda de 1982 ("La trufa aparece despigmentada en el 47% de los individuos y pigmentada en marrón claro u oscur, o en negro en el 53%; estos últimos en una relación %:3"); de Millán Tranadas y col., de 1982 ("La trufa es de color negro en la mayoría de los casos aunque puede aparecer sonrosada con predominios de manchas negras") y de Flores Alés, de 1992 ("el color de la trufa es despigmentada o de color carne o pigmentada en marrón o negra, siendo los pigmentados más abundantes, 60%, que los despigmentados, 40%. Las trufas pigmentadas en negro o en marrón predomina sobre las despigmentadas, siendo su proporción de 53% sobre 47% en 1982 y de 60% sobre 40% en 1992. No obstante no hay ningún argumento científico para que ejemplares de un determinado color sean más o menos puros que los del otro, por lo que este carácter deberá seguir dejándose al criterio del criador, según sus gustos y preferencias personales, y en ningún caso debería ser penalizado ni fomentado"). Estos tres trabajos científicos se ignoran y desprecian por completo pues Herrera y col. tienen la ligereza de afirmar: "La trufa es de color sonrosado, color que ha de ser el admitido, pues aún cuando en los de rehala predominan el negro, 75%, según Fuentes y col., 1982, este color denota cruzamientos".
Podenco Malagueño.
Si existiendo trabajos sobre el Podenco Andaluz Malagueño, estos se han ignorado, puede ser que ello beneficie al Podenco Malagueño, pues lo situa en cuanto al número de ejemplares estudiados con métodos científicos en franca ventaja: para cuatro provincias andaluzas se estudian en el trabajo de Herrera y col. 55 ejemplares de tamaño mediano y sólo en la provincia de Málaga se han estudiado 158 individuos en los dos estudios citados, 1982 y 1992.
Cualquiera que lleve unos años leyendo lo que se ha publicado sobre razas españolas en general y sobre el podenco en particular podrá comprender qué es lo que está pasando. Sólo hay que echar un vistazo a las de podencos publicadas en revistas especializadas y fijarse en ese "detalle" de la trufa: compárese con las aparecidas en recientes artículos sobre este "recién nacido" Podenco Andaluz y las fotos que lo ilustran.
Sobre el Podenco Malagueño escribimos un artículo en el nº 19 del mes de agosto de 1992 que entendemos debería releerse con atención. Deciamos que nuestro Podenco Malagueño es un perro cazador nato, rústico y sobrio, de talla mediana (alzada a la cruz de 44 a 50 cm.), dolicocéfalo, de orejas enveladas, bien proporcionado y musculado, de tipo longilíneo, con dimorfismo sexual, de manto uniforme con particularidades complementarias de carácter regional, de trufa pigmentada o no, con buen olfato, vista y oido, adaptado perfectamente a la climatología y topografía del terreno de la provincia de Málaga y especializado en la caza del conejo.
Conter Alejander (1993) coincide con lo ya manifestado por Salas Melero en 1982, en el sentido de que existen suficientes datos para poder standarizar dos razas de podencos bien definidas: el Campanero y el Podenco Andaluz tipo canejero.
La trayectoria de indiscutible valía cinófila de estos dos técvnicos en razas españolas hace preciso que sus documentadas y argumentadas opiniones sean consideradas.
El artículo de Contera Alejander titulado "Podenco Andaluz, normalización de la raza", publicado en el nº 270, noviembre de 1992, de la revista Trofeo, no tiene desperdicio y está claro que sus consideraciones sobre la capa y trufa en los podencos de deberían tener muy en cuenta pues aún se está a tiempo de rectificar.
Por una palabra o una frase sin fundamento no se puede cerrar las puertas de la oficialidad a más del 50% de nuestros podencos. En un perro cazador las características funcionales son realmente las que deben primar, lamentablemente estas no se pueden medir tan facilmente; pero si un cazador cuida y alimenta a un podenco es porque este caza y bien. Ello implica olfato, vista y oido, rusticidad, capacidad física y fisiológica, resistencia, adaptación.., esto es lo importante, que cace.
Los caracteres exterioristas, los derivados de los faneros, color de la capa, pigmentaciones, longitud del pelo, etc., claro está que hay que describirlos, pero ¿a quién le importa que si un podenco caza su capa sea blanca o canela o pia en canela o que su trufa sea de color carne o marrón o negra?. Seamos serios, nuestros podencos son como son y si se quiere ahora perfeccionar debe partirse de la totalidad de los podencos cazadores que están cazando, que ya han sido probados pues ¿qué mejor prueba de trabajo que el trabajo continuado de generaciones?. De no hacerlo así se volverá a cometer el error de seleccionar por caracteres exterioristas sin antes haber comprobado si tiene o no relación con la heredabilidad y la funcionalidad.
En el definitivo patrón racial de nuestro podenco hay que aceptar todas las capas que existen: roja, caoba, canela, rubia, negra y bicolores, lo que no quita que en el propio stadard se recomiende aquellas capas que se consideren más típicas. En la sección de perros de la revista Caza y Pesca, nº 287, de 1966, se decía: "El color del pelo del Podenco Ibérico es el blanco, dorado, rojizo y el negro orito". En el nº 30 de la revista Perros de Caza de julio de 1993 sale fotografiada una podenca negra cazando. 27 años entre ambos ejemplos.
En lo que respecta a la pigmentación de las mucosas en general y de la trufa en particular hay que respetar los datos científicos publicados, que por su imparcialidad son reflejo de la verdad, pues no hay ningún criterio para afirmar o negar la pureza en base a este carácter.
Mientras más restrictivo sea un patrón racial, lógicamente más fácil será conseguir una homogeneidad morfológica pero esto a la larga irá en perjuicio de la raza ya que está perfectamente consolidadas por la propia selección que los xazadores han hecho de ella empíricamente, primando su carácter cazador, que es lo que interesa como raza de utilidad.
Siguiendo a Aparicio Macarro (1982): "La raza esa una población animal subespecífica, que tiene una idéntica genética de los caracteres propios, que hereda la descendencia dentro de una media y una varianza previsible, y pareciéndose a sus progenitores cuando se desarrollan bajo las mismas condiciones ambientales". Orozco (1985) afirma: "Nadie puede impedirle a un ganadero, a un técnico, a cualquier persona que tenga acceso a un conjunto de animales, a definir a una población concreta como raza. La raza es simplemente estar de acuerdo con unas características concretas y muy exigentes: perfección de un color, tipo, porte, medidas de diferentes partes del cuerpo bien determinadas, etc.; y si la raza está definida así, no hay ninguna objeción que hacer".
Oficialidad y caza.
Admitamos pues como raza "oficial" y demos "papeles" a lo que es evidente y está estudiado. Otros podencos peninsulares se podrán ir agregando bien como razas. Como variedad o como ecotipos.
Las distintas poblaciones de podencos no tienen por qué preocuparse , ellos seguirán cazando; no es un asunto de papeles su existencia o no, pero será bueno que los verdaderos aficionados promuevan el reconocimiento de cada uno de los ecotipos que integran el mosaico de variedades de los perros podencos españoles.
Si existen suficientes ejemplares de podencos Paternero o de podencos Manetos o de otros ecotipos bien diferenciados, ¿por qué no se estudian y se reconocen en un patrón racial?. Querer que el Podenco Malagueño tenga el mismo standard que el Maneto o que el Campanero es tan descabellado como pretender que el Ibicenco sea igual al Canario, se parecen claro, pero son razas distintas.